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Posts Tagged ‘rabietas’

Hemos encontrado este articulo interesante sobre las rabietas en el blog de Cuatro en la cama, que por cierto es muy interesante.

viernes 4 de abril de 2008

Voy a guardar hoy una traducción de mi amiga Marta para un artículo de Abigail Warren encontrada en la página del continnum (www.continuum-concept.org). Y la guardo porque después de haberla leido y masticado, viene a revolucionar un poco mi propia forma de maternar. Esto de ser madre es definitivamente un eterno despertar, una lucha diaria. Hoy toca contra el “child-centered“…sigamos aprendiendo.
Gracias a Marta-Ledi por el esfuerzo de ponerse a traducir aún con Tres rondándola y gracias a Pati Metola por la ilustración.
Restableciendo la Armonía
Una historia de una madre
“When you’re doing it right, your needs are the same as the child’sand you don’t have to choose between them.” Jean Liedloff
“Cuándo lo estas haciendo bien, tus necesidades son las mismas que las del niño y no tienes que elegir entre ellas.” Jean Liedloff
Mi “crisis maternal” empezó pronto después del nacimiento de mi hijo, Jacob. En aquel momento me dí cuenta que una intensa ira emergía de mi hija Becky, que acababa de cumplir tres años. Empezó a tener frecuentes rabietas, a comportarse mal deliberadamente, y lo más descorazonador, a golpear a su hermano Jacob. Becky había sido una pequeña bastante sociable y llevadera. Sí claro, habíamos tenido momentos que no eran precisamente perfectos y unas cuantas “batallas de intereses”, pero habían sido infrecuentes y breves. Siempre me había sentido en armonía con Becky. Ahora, había algo que iba mal, y su ira se intensificó y se hizo más profunda entre su tercer y cuarto cumpleaños.
¿Como mi preciosa pequeña, que había sido amamantada amorosamente a demanda (y seguía siendo amamantada), que había dormido en la cama familiar desde su nacimiento, a la que nunca se le regañó, se le gritó, ni se le castigó, me podía hacer esto a mí?. Yo siempre me había considerado una madre “culta”, me había leído toda la literatura “correcta” acerca de “guiar con amor”. Y ¿no había yo hecho todas las cosas que se suponen que una madre amorosa debe hacer- llevarla al parque casi todos los días, pasar interminables horas jugando con ella, y lo más importante, dedicar mi vida a ser madre, postponer todas mis necesidades y sacrificar hasta mi alma por mi niña?

Mientras pasaba ese año, y yo observaba a mi adorada hija ponerse cada vez más agresiva, me convencí a mí misma que aunque había satisfecho muchas de sus necesidades amamantandola y durmiendo con ella, su comportamiento adverso era el resultado de no haber tenido la completa experiencia en su fase en brazos, que acababa de leer en “El concepto del Continuum”, que no había leído hasta que Becky tuvo tres años. El mensaje de Jean Liedloff era tan poderoso, y mientras llevaba a mi recién nacido en brazos, me dolía la pérdida de esa experiencia en Becky. Trataba de consolarme centrándome en las cosas que había hecho bien. La había transportado en bandolera o en mochila gran parte del tiempo, desde luego había sido amamantada y acogida en la cama familiar desde su nacimiento… pero no había estado en brazos las venticuatro horas del día. Su nacimiento había sido muy traumático, y se pasó tres días en el hospital, aislada y con mínimo contacto humano. Yo respondía inmediatamente siempre que ella lloraba, pero ella había llorado mucho en muchas ocasiones en su silla del coche.

Si hubiera sabido antes, pensaba yo desconsoladamente. La hubiese llevado en mi cuerpo esos seis primeros meses de su vida, más o menos. Y si lo hubiera sabido antes, pensaba, ahora no estaría teniendo esos problemas.
La transformación empieza
Después de volverme agónica sobre esto durante de un año, y habiéndose endurecido las explosiones de rabia de Becky, telefoneé a Jean Liedloff para una consulta por teléfono, justo antes del cuarto cumpleaños de Becky. Los ataques de Becky a Jacob se producían totalmente fuera de control, y yo me sentía totalmente fuera de control. Me sentía deprimida; nunca había imaginado que la maternidad se podía convertir en algo tan doloroso. Necesitaba comprobar a través de Jean que la rabia de Becky era el resultado de no haber estado en brazos 24 horas al día. O ¿había algo más- algo a lo que yo permanecía ciega? Después de todo, ¿porqué no estaban todos los otros niños que yo conocía, que no habían tenido esta fase en brazos, tan rabiosos?.
Con comprensión y calidez, Jean inmediatamente me capacitó para enterrar mi culpa sobre el nacimiento de Becky, su terrible experiencia hospitalaria, y su falta de una completa experiencia en brazos. Tuve que reconocerle todo lo bien que lo había hecho, y darme cuenta que era mucho más dañino llevar a cuestas mi culpa y remordimiento. Basándose en lo que yo le conté, ella inmediatamente sospechó de dónde venía la ira de Becky. No era la consecuencia de no haber sido llevada en brazos 24 horas al día, era el resultado de que yo había estado demasiado centrada en ella, me explicó.
Jean procedió a describir todos los errores comunes cometidos por padres que genuinamente tratan de hacerlo todo bien (llevando en brazos a sus hijos, amamantando y durmiendo con ellos). Aterrorizados por hacer algo mal y tratando duramente de salvar a nuestros chicos de toda la agonía que nosotros sufrimos de pequeños, nos sobrepasamos, precisamente en la dirección contraria (a lo que Jean se refiere como centrados-en el niño). Tratamos demasiado duramente de complacerles, y demasiado duramente de no enfrentarnos a ellos. Estamos demasiado atentos y demasiado sacrificados (¿Cómo Jean me conocía tan bien?). Parecemos culpables y ansiosos en nuestro trato con nuestros hijos, les pedimos permiso, y continuamente razonamos, explicamos y pedimos perdón. Todo esto pone al niño al control, y desde que lo que el niño por naturaleza quiere y necesita no es estar al control, sino una madre que lo esté, hace al niño inseguro y a veces enfadado.

“La niña necesita una madre que confíe y sea tranquila”, explicó Jean. “Una madre que sepa lo que hay que hacer, y que no le pida permiso a su hija. Puede parecer lo contrario, que la niña esté luchando por más control, pero irónicamente ella está luchando para no llevar el control y te está presionando para que te mantengas firme. Cuándo un niño siente que puede llevar el control, su impulso es presionar para ello. Ella no resiste esto, ya que es la naturaleza humana y es para lo que está programada.”

“La vida de un niño depende de sus padres. Ella espera de ellos protección, fuerza, y certeza. Ella quiere que ellos sepan qué es qué, lo que está bien, lo que está mal, qué hacer y a dónde ir. “Tu eres la adulta, mami, así que no me preguntes qué quiero hacer. Quiero que tu sepas, así puedo observarte, y seguirte, y ayudarte. Estoy tratando de empujarte hasta que te mantengas de pié y calmada, hasta que te mantengas firme. Así podré sentirme a salvo y segura, me podré relajar y contar contigo. No quiero ser capaz de presionarte, eso me pone nerviosa, pero si tu pareces tambaleante voy a seguir empujándote hasta estar segura que no te caerás. Empujaré y empujaré hasta que haga que tu sepas lo que haces, y entonces me encontraré bien. Entonces pararé de observarte y de probar tu fiabilidad”.

“No le ruegues y supliques por todo” Jean siguió. “Si le suplicas, tiene el poder, y eso la pone nerviosa porque significa que tu no estás segura de ti misma, y que le ruegas aceptación. Cualquier mujer adulta que le suplica a una niña de cuatro no es de fiar. No le preguntes a ella qué quiere hacer, díselo, pero asegúrate que no se lo dices de forma enfadada. Sé práctica y dulcemente dile lo que tú quieres que ella haga. Trátala como tu aliada, como si ella quisiese hacer lo que le dices, y como si ella estuviese escuchando. Y no le des interminables explicaciones y razonamientos; eso tiende de nuevo a sonar como súplicas.

“Incluso cuándo abraces a tu niña, mira si de alguna forma le pides perdón, o le suplicas de alguna forma”.
Jean tenía razón, había tratado tan duramente de complacer a Becky y siempre tratando de darle sus propias elecciones. Le habían preguntado a dónde quería ir, y lo que quería hacer. Ella no había sido una pequeña muy demandante, pero sí se había convertido en una niña muy demandante, pareciendo que quisiese constante atención. A la mayor parte de sus reclamos, yo (y mi marido) acudiríamos obedientemente a sentarnos y jugar juegos infantiles. Si tuviese que declinar la petición de Becky para jugar, le suplicaría ansiosamente perdón, “Oh, Becky, lo siento, de verdad que tengo que terminar de hacer la cena. Te prometo que jugaré contigo más tarde, vale?” Me sentiría culpable cuándo realizase tareas de adulto porque pensaría que debería pasar más tiempo con Becky, haciendo lo que ella quisiera. Nunca se me ocurriría que hacer lo que yo quisiese, no significase pasar menos tiempo con Becky.

Yo estaba tan influenciada por las historias de esas madres devotas que felizmente dejan sus casas todas revueltas, las facturas sin pagar, y la ropa sucia apilada, sintiendo que lo importante es estar con sus hijos, inmersas en sus actividades porque “después de todo, solo son pequeños una vez”. Cuánto más leía, más me veía inmersa en esto.

“La niña no debería sentir que se espera de ella que te dirija, y tu no deberías estar centrada en ella” dijo Jean. “Haz cosas de adultos, lo que incluye mantener tu casa limpia si es eso lo que deseas. La niña hace lo que quiere hacer, y de vez en cuándo lo que ella querrá hacer es lo que tu haces, y debería sentirse simepre bien recibida a estar contigo. Así que no intentes enredarla con sus juegos infantiles, sino deja que te ayude, tenla como tu satélite, no tú como su satélite.
Jean continuo, “ Deja que te cuente lo que está haciendo la niña. Durante la fase en brazos, un bebé está pasivamente observando toda la vida a su alrededor dónde él se va a ver inmerso. Así que necesita estar en brazos, en el medio de todo, pero la madre no debe estar centrando su atención en el bebé. Después, el bebé saltará de su regazo, y a ratos caminará y correrá, probando, sintiendo y experimentando y mirando como funciona todo. El niño está ahora siguiendo a su madre de forma activa, observando como vive y ocupa su vida. Si su madre pasa su tiempo mirando como su pequeño vive la suya, le frustra, y le lanza en la confusión porque él está programado para seguirla a ella. Toda su orientación de millones de años, se paraliza.
Qué liberador fué, le dije a Jean, escuchar que no debía ser tan sacrificada, siempre poniendo las necesidades de Becky por delante, y las mías después.“Cuándo lo estas haciendo bien” Jean respondió rápidamente, “tus necesidades son las mismas que las del niño y tu no tienes que elegir entre ellas. Esto es bueno para mí, o, esto es bueno para el niño, es el vocabulario de nuestro tiempo y está basado en la falsa premisa de “ Bueno, tengo que pensar en mí misma algunas veces también”. Lo que sientes como bueno para ti, es bueno para el niño también, y lo que es lo mejor para el niño es placentero para la madre porque es lo que a ti, por naturaleza, te apetece hacer. Todo lo que yo te sugiero es lo mejor para el niño, absolutamente lo mejor, y resulta ser lo más confortable para el padre. Esto no es por casualidad, porque la evolución está prevista de este modo.”

Después de varias sesiones con Jean, me quedó claro que el primer paso para conseguir una familia más saludable pasaba por arrancarme la culpa basada en falso. Esto me permitió estar menos centrada en los niños, y empezar a vivir mi vida como adulta, haciendo lo que tenía que hacer con los niños a mi alrededor, o participando ellos conmigo.

El segundo paso fué introducir el profundo entendimiento de que los niños son por naturaleza sociables y quieren cooperar, imitar, seguirte y ser parte de tu equipo.
“Uno puede observar esto en cualquier lugar que no haya estado bajo la influencia de la civilización Occidental” explicó Jean. “En las sociedades primitivas, discusiones, tensión, conflictos, competencia, los “terribles 2”, la rebelión adolescente y la rivalidad entre hermanos no existe. Los niños no están molestando, interrumpiendo o desviando la atención de un adulto. Ellos están ayudando a los adultos, y obedeciendo instantánea y voluntariosamente. Ya que la conducta del adulto no es permisiva, no existe el castigo.
Pero si la premisa básica es que el niño no es sociable por naturaleza, tenemos que amenazarles, y sobornarles para que cooperen. Si esto fuera cierto, no hubiesemos sobrevivido como especie durante estos cientos de miles de años. En la sociedad tribal los niños tienen que estar ayudando. Se espera del niño que haga lo correcto (y lo siente así por todo el mundo) y se observa que esto sea así. Así, cuándo el padre Occidental actúa correctamente y espera de su hija que sea sociable y que coopere, la niña percibe que se espera de ella que haga lo correcto, y desde el punto de vista de que está construida en su naturaleza para cumplir las expectativas de sus padres, ella actuará en consecuencia.
Te prometo que todos los niños tienen un radar para saber el tratamiento que necesitan, y cuándo es el correcto, se instalan allí rápidamente. Funciona como la magia porque verdaderamente les contacta con su naturaleza. Es lo que la evolución ha programado que ellos deseen. Así que realmente convéncete que somos unos animales verdaderamente sociables, si nos dejan.

Esta promesa fué la que me dio la esperanza y la determinación para hacer las cosas correctamente. Después de cada sesión yo practicaba con entusiasmo, poniendo a prueba todas las fascinantes teorías que estaba aprendiendo de Jean. Con el apoyo incondicional de mi marido, que también puso en práctica nuestra recién descubierta sabiduría, trabajé en hablar con estilo práctico, sin suplicar, dando por hecho que Becky (y Jacob) harían lo correcto. Empecé a decir, mejor que a pedir. Yo diría “Llévale esto a papá”, o “Tráeme un pañal para Jacob”, mejor que “Me traerías, por favor, …?” ya que Jean explicó: Una de las cosas más poderosas son tus esperanzas, lo que el niño percibe que tu esperas. Puede que no sea lo que esperas del niño, sino solo lo que aparentas que esperas. Cuándo dices “Me traerías, por favor, ese juguete para aquí?” hay normalmente un tono de desconfianza, de que ella no te lo traerá, y eso no debe ser la primera vez que preguntas. Así, después tendrás que preguntar cuatro o cinco veces más (lo que llamamos gruñón) con la actitud “espero que me creas pero no creo que lo hagas”. Esto es por lo que ella siente que tiene que presionarte hasta que te mantengas firme, y esa es la forma en la que se espera de ella que actúe contigo.
Becky comenzó a escuchar más. Pero si no lo hacía, yo no me repetiría, ya que Jean recalcó la importancia de decir las cosas una sola vez. Solo iría yo, y lo haría sin enfadarme.
Lo que ocurre si ella no te obedece, o se comporta mal”, Jean explicó, “es que la dejes fuera, y ningún niño soporta que lo dejen fuera. O está contigo haciendo lo correcto, o se la deja fuera, pero no está hecha para que la hagan sentirse mal, o para que la castiguen o la riñan, o le supliquen o le pidan, o cualquier otra cosa interesante. No entres en conflicto con ella sobre nada. Muéstrale que tu sabes lo que haces y que esperas de ella que obedezca y que quiera ayudar. El tema para tí es mantenerte lo más firme que puedas para que ella finalmente se sienta segura y abandone el probarte.”

Cuándo sinceramente creas que un niño es profundamente sociable, siguió Jean, le dices lo que hay que hacer correctamente, asumiendo que ella quiere saberlo, y tu le das la información como tu aliada, tu compañera de equipo en la que confiar, no como adversaria. Tu eres la que informa a tu hija, su aliada, funciona: el castigo o la permisividad, no”.

Empecé a tener pequeños éxitos. Pasaron unos cuántos días y me dí cuenta que Becky no había golpeado a Jacob. Pero después, otro día le atacó de nuevo con una explosión de ira, como si se hubiese estado recargando antes de soltar la bomba. ¿Cómo podía yo ser su aliada y no mostrar reacción cuándo ella golpeaba a Jacob? Jean me animó a la perseverancia, y a ser paciente conmigo misma. Insistió que que es mucho más fácil hacerlo bien que mal. Sólo tenía que ir cambiando los viejos hábitos, y cambiar viejos hábitos lleva trabajo y repetición, primero consciente hasta que la acción se convierte en automática.
“A veces tu quieres que tu conducta sea tu segunda naturaleza” dijo Jean. “En realidad, es la primera. Lo estarías haciendo bien tú misma, sin mi ayuda, si no hubiese interferido la civilización occidental.
Sanando una destructiva relación de amamantar
A pesar de nuestros pequeños éxitos, había aún una intensa rabia en Becky. Yo estaba convencida de que estaba siendo mucho menos “centrada en los niños”. Había parado mi carga de culpa, había parado de suplicar, de pedir perdón, de razonar, explicar y pedir permiso. Así, que ¿qué era?. ¿Porqué, porqué estaba aquella rabia aún allí? ¿Porqué continuaba lastimando a Jacob? ¿Y porqué esta intense rabia emergió cuándo tenía tres años y antes no estaba allí?.

Al fín, tres meses después de mi primera sesión con Jean, todas la piezas de mi puzzle, encajaron. Una mañana, Becky se despertó y pidió teta, como hacía normalmente todas las mañanas- el único momento del día en que lo hacía. Un fuerte ataque de ira siguió, golpeándome, gritando e insultándome. Me empleé a fondo para permanecer tranquila, difícil como era, y me marché de casa para dar un paseo. Afortunadamente mi marido trabaja en casa y tuve la opción de hacerlo. Necesitaba enfrentarme a la ira que salpicaba mi casa.

Para mi sorpresa, no me sentí enfadada mientras empecé a caminar. En vez de eso, tuve un momento de “iluminación”. Al fín entendí porqué Becky estaba tan enfadada; Becky aún tomaba pecho y yo no deseaba que lo hiciera más. Yo me resentía amamantándola y rechazaba sus peticiones para hacerlo, ¡¡y ella lo sabía!! ¿Cómo podía haber estado tan ciega?. Becky se había destetado a los dos años y medio, cuándo yo estaba embarazada de cinco meses de Jacob y se me había ido la leche. Habíamos mantenido una hermosísima relación de amamantamiento y yo acepté el destete con alegría. Era el momento de empezar una nueva fase en nuestra vida juntas. Después, cuándo nació Jacob, me dolió la pérdida de Becky como bebé. Me sentí culpable por haber interrumpido esa relación de una a una, teniendo otro bebé.
Cuándo Jacob tenía dos meses, Becky mostró interés en volver a tomar el pecho. ¡Yo estaba eufórica! Agradecida por tener de nuevo a mi primer bebé, y entusiasmada la dejé que tomase pecho siempre que quisiera, incluso aunque Jacob estuviese amamantándose. Antes de darme cuenta, ella estaba, de nuevo, dependiendo de la teta para dormir, y despertándose de noche para tomar pecho. Se volvió muy exigente en el pecho, deseándolo siempre que Jacob lo hacía.

Después de varios meses así, empecé a ponerme muy nerviosa cada vez que tenía que amamantarlos juntos y desesperadamente deseaba que Becky se retirase de mi pecho. A pesar de mis sentimientos intensos, continué permitiendo que Becky se amamantase con Jacob porque no quería que ella se sintiese despreciada o abandonada. No quería que se resintiese contra Jacob por tener más atención por mi parte.

Después de varios meses así, y sintiéndome cada vez más enfadada, más resentida, finalmente le dije a Becky que podía tomar el pecho solo después de Jacob. Ella todavía mamaba mucho, de todas formas, y empezó a ser muy doloroso para mí. Cada vez que hacía un intento de recortar esto leía algo que me hacía sentir que esto era una necesidad real para ella, y la dejaba volver a mamar libremente. Volviendo a sentirme culpable, me haría más flexible y por supuesto, mi ira volvería a comenzar.
Estuvimos así, para adelante y para atrás durante meses. Estaba tan floja. Me sentía contraria a mi propia hija. Ella llevaba el control claramente y yo me sentía perdida, sin ayuda. ¿Cómo se iba a sentir ella segura y confiada conmigo? No era coincidencia que sus ataques de ira comenzasen en ese momento. Qué tonta había sido no ver que la ira de Becky estaba asociada con nuestra relación con el amamantamiento. Trataba de ser tan buena y amorosa madre, una madre que cumple todas las necesidades de su hija a cualquier precio incluso para sí misma.
Mi cabeza hervía con todas las enseñanzas de Jean “un niño quiere una madre que sea tranquila, confiada, que se mantenga firme”. Por creer que el destete era abandono, dar de mamar a Becky le hacía enfurecerse terriblemente porque yo no me había mantenido firme. Había estado aterrorizada por destetarla y ponerla más furiosa, entonces sí que realmente dañaría a su hermano, creía yo. Irónicamente ella estaba enfadada porque yo hacía algo que ella sabía que no quería. Mamar no era ya una necesidad para ella. Era una lucha por el control, y ella necesitaba que yo mantuviese el control.

Comprendí que tenía que mantenerme firme y terminar nuestra destructiva relación de amamantar. Como había dicho Jean “ El principal objetivo de todo lo que hacemos es prevenir que la niña se encuentre mal consigo misma. Ese es el peor crimen que cometemos.” Yo ahora ví que mi furia y resentimiento acerca del hecho de dar de mamar a Becky no deseándolo, estaba haciendola sentir mal sobre sí misma.

Volví a casa, tranquila y centrada, encontrándome mejor que en muchos meses. Sin suplicar, razonar o pedir perdón, le dije a Becky en un tono amable pero firme y confiado, “ he decidido que no necesitas tomar más pecho. Ahora eres una niña mayor y puedes hacer lo que hacen las niñas mayores. Quiero llevarte en mi regazo y abrazarte, pero no vas a mamar más”. Becky miró hacia mí con sus grandes ojos azules y un gran alivio salió de su cara, como si una pesada carga se hubiese liberado. Dijo, “Oh” y ¡¡¡ eso fue todo!!! Nunca volvió a mamar, y nunca volvió a pedírmelo. No lo necesitaba. Ella finalmente tenía una madre que llevaba el control, que lo llevaba con confianza, una madre que se mantenía firme. Qué alivio para ella!
No hace falta decir que mucha de la ira de Becky remitió y que paró de golpear a Jacob. Se convirtió en una niña más tranquila, y feliz. Su verdadera naturaleza alegre emergía de nuevo. Después un día me dí cuenta de que jugaba con Jacob. Empezaron a jugar a menudo, Becky se deleitaba en compañía de Jacob y Jacob sencillamente la adoraba. Tonterías y risas habían reemplazado a golpes y lágrimas.

Avances, no perfección.

Esto no significa que ya no haya más obstáculos. Había llegado al centro de la ira de Becky y tenía un entendimiento claro de la lucha de los niños por el control, pero las dificultades esporádicamente venían. Siempre que retomaba los viejos hábitos de suplicar, razonar y parecer dubitativa, mis hijos lo notaban y actuaban en consecuencia. Pero como practicaba y ganaba experiencia, y comprobaba afirmativamente los resultados a las teorías de Jean, me convertí en experta en sortear los nuevos obstáculos. Y habiendo recuperado mi propio sentido perdido del valor y la capacidad de amar, me encuentro más capaz de mantener a mis hijos con mi confianza intacta,

cuándo me siento bien, mis hijos por naturaleza se sienten bien.

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