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Posts Tagged ‘carlos gonzalez’

Publicado en el periódico La opinión, de Zamora el domingo 22 de Mayo de 2011.

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Los niños no nacen con instrucciones ni falta que hace. Así lo defiende Carlos González, uno de los pediatras que más consultas recibe sobre el cuidado de los hijos, 5.000 nada menos. Su secreto reside en aplicar el sentido común y su estrategia no es otra que amar al niño por encima del agotamiento, del estrés y de la desesperación. Como padre de tres hijos sabe lo que es no dormir por la noche durante meses y lo incompatible que resulta en este país conciliar la vida laboral y la familiar. Recalca que los niños no lloran por molestar sino porque lo pasan mal y lo que quieren es estar con sus padres, sobre todo con la madre. Defensor de la la lactancia materna, no comulga con la idea de que los niños pasen muchas horas en la guardería, salvo cuando sea estrictamente necesario e invita a reflexionar sobre seguir el modelo de muchos países nórdicos de un cuidador por cada tres o cuatro niños.

¿Qué se necesita para criar a un bebé de “forma natural”?

La crianza natural engloba acciones como responder al llanto del niño, hacerle caso, procurar estar con él sin miedo a que se malcríe, etc. Y, por otra parte, aunque normalmente incluye la lactancia materna, una madre que no da el pecho también puede criar a su hijo de forma natural.

¿La crianza natural es tan importante como la lactancia natural?

Es más importante porque a lo largo del siglo XX y finales del XIX se nos ha hecho muy difícil criar a nuestros hijos. Se han difundido toda una serie de normas acerca de que no hay que cogerlo en brazos porque se malcría, como que llorar es bueno para los pulmones, como que no hay que meterlo en la cama contigo porque no saldrá en la vida… hasta el punto de que criar a los niños es casi algo molesto. Pero si no tienes a tu hijo para cogerle en brazos y contarle cuentos, para qué lo tienes.

Esa es la teoría del “malcriamiento” que critica en sus libros

Sí, las personas deben comprender que malcriar es criar mal. Malcriar no es cogerle mucho en brazos, estar mucho con él o cantarle muchas canciones. Malcriar es no hacerle caso, abandonarle….

“En Alemania sólo el 6% de los niños acuden a la guardería antes de los tres años y en Finlandia el porcentaje es menor todavía”

¿Pero usted cree que ahora se malcría a los niños, de acuerdo a la definición que acaba de exponer?

Hay de todo. Depende de la teorías que hayan seguido los padres y de las circunstancias socio económicas. Me refiero a aquello de que si no haces lo que piensas, acabarás pensando lo que haces; los padres que se ven más o menos obligados a dejar al niño muchas horas porque tienen que ir a trabajar para pagar la hipoteca acabarán pensando que eso es lo mejor para el niño porque en la guardería les estimulan mucho y les tratan muy bien. Si pensasen que en la guardería hay muchos niños y no hay tiempo material para estimularles, se sentirían mucho peor.

¿Las propias condiciones de vida en las que nos movemos en la sociedad actual invitan a la malcrianza?

Sí, el problema es que se puede formar con facilidad un círculo vicioso, es decir si sabes que lo está ocurriendo está mal, aunque no quede más remedio que hacerlo, intentarás cambiarlo. Pero si llegas a creerte que está bien, ya te quedas así. En Alemania sólo el 6% de los niños acuden a la guardería antes de los tres años y en Finlandia el porcentaje es menor todavía, y son países con un mejor rendimiento académico que el nuestro.

Pero para disfrutar de estos estándares que predominan en otros países hace falta pagar más impuestos, y que las empresas cambien de actitud.

Bueno, en esos países también han tenido que tomar decisiones, a mí me han dicho que ya tenemos brotes verdes. Habría que empezar a pensar en qué nos gastamos el dinero.

Una pareja joven trabajadora y sin familia cerca del hogar no tiene otra opción que dejar a su hijo en la guardería. ¿Está malcriando a su hijo?

No hay una sola manera de criar bien a un hijo ni hay una sola manera de criarlo mal. A mí lo que me molesta es que haya gente por un lado que tiene buenas ideas a la que engañan y le hacen creer otra cosa: “yo lo cogería en brazos, pero no lo hago porque dicen que se malcría” o “yo lo metería en la cama con nosotros cuando llora pero no lo hago porque me han dicho que tendrá problemas de sueño toda su vida”. Personas que se están sacrificando haciendo cosas que en el fondo les molestan y no son naturales, que no les gustan pero lo hacen por seguir las normas que fijan otras personas. Y, por otra parte, hay quienes toman decisiones que es posible que a lo largo de un tiempo se arrepientan porque no tienen todos los datos en la ecuación para poderse decidir. Si te dicen: “trabajar los dos es imprescindible” y por otro lado, “el niño en la guardería está de maravilla”. Aquí no hay problema. Pero si te explicasen que en la mayoría de los países occidentales el máximo de los bebés por cuidador en una guardería es de cuatro legalmente, en otros de tres y en España es de ocho… igual la conclusión a la que llegarían los padres sería diferente. Se trata de reflexionar sobre cuánto dinero te puedes gastar en coche, cuánto en unas vacaciones, cuánto en comprar un apartamento en la playa y cuánto en criar a tu hijo.

Es una cuestión de prioridades, entonces.

Exacto. Los padres tienen que tomar la decisión con libertad y yo lo que hago es darles toda la información necesaria para ayudarles a que la tomen. Estoy convencido de que no hacen falta libros para criar a un hijo y no quiero que los hijos tengan manual de instrucciones. Es necesario más cariño y menos instrucciones para criar a un niño. Para aprender es mejor hablar y estar con un grupo de madres con sus hijos que leerse un libro en casa.

El instinto también es importante, ¿hay que dejarse llevar por él?

Es importante y en algunas cosas sí hay que dejarse llevar y en otras no. Nuestro instinto nos dice que cuidemos a nuestros hijos y es positivo, pero también nos dice que cuando alguien nos molesta hay que pegarle un bofetón y no lo hacemos.

Y en el caso de los niños, ¿el instinto hay que seguirlo o no?

La mayoría de las veces sí porque el instinto ha ayudado durante millones de años a los padres a cuidar a sus hijos, de lo contrario no estaríamos aquí.

Entonces, guarderías ¿sí o no?

Debería ser sólo cuando no hubiera más remedio. Sería conveniente cambiar nuestro sistema socio-económico para que en la mayoría de los casos no fuera imprescindible llevar al niño a la guardería, y para aquellos casos en los que sí fuera imprescindible habría que hacer mejores guarderías.

El consuelo es que en la guardería se socializan, ¿no?

La socialización no necesita para nada guarderías porque de entrada los niños pequeños no se socializan. Es a partir de los tres años aproximadamente cuando empiezan a jugar unos con otros. Y eso lo pueden hacer en otros sitios. Muchas veces pensamos que los niños cambian porque les educamos y en algunos aspectos es así, sin duda, pero la mayoría de los cambios que experimentan los niños se deben a que crecen. A los dos años dicen unas cosas, a los cinco otras y a los doce otras.

“Malcriar a un niño no es cogerle mucho en brazos, estar mucho con él o cantarle muchas canciones. Malcriar es no hacerle caso, abandonarle?”

Abuelos. ¿sí o no?

Los abuelos son lo mejor que hay después de los padres. Es muy positivo que los abuelos participen mucho en la vida del niño. Puestos a separarse durante siete horas de la madre, seguro que para un niño de dos años es mejor estar con los abuelos que estar hasta siete horas en la guardería. Ahora, tampoco recomiendo que estén siete horas con los abuelos porque lo que el niño realmente necesita es estar con sus padres, sobre todo con la madre. Los padres enseguida aprendemos que esa pregunta de a quién quieres más a tu mamá o tu papá sobra.

Entonces, ¿dónde queda en la crianza del niño la figura del padre?

Todos los niños necesitan tener un vínculo afectivo con una persona concreta, según la teoría se le llama “figura primaria”, y en la práctica se le llama mamá. Puede no ser la madre y un niño puede establecer su vínculo primario con la abuela, el padre… . Lo que es seguro es que hay solo uno primario, el resto son secundarios. El padre, si se esfuerza un poco, puede disfrutar de los primeros puestos entre los secundarios, pero se tiene que esforzar. No puedes pretender que tu hijo te quiera mucho porque es su papel de hijo. Si el padre quiere tener un papel activo tendrá que dedicarle tiempo al niño. Pero como todo en esta vida, cuantas más horas le dediques, mejor saldrá. Son necesarias las dos cosas, pasar con el niño mucho tiempo y que ese tiempo sea de calidad. Luego ya, con el tiempo, los niños van necesitando más del padre.

Se habla mucho del tiempo de calidad, “poco tiempo con los niños pero de calidad”

Los niños están enamorados de sus madres y hay que saber que una separación con la madre durante tantas horas tiene como consecuencias que el niño se enfade, que pegue un manotazo…

¿Entonces con los bebés hay que tener tolerancia total?

No, tolerancia en todas las cosas que se pueden tolerar.

¿Cuáles no se pueden tolerar?

Cada cual tiene que tomar sus decisiones, seguro que si ves a tu hijo tirando macetas por el balcón o abriendo la llave del gas se lo vas a impedir. Pero si el bebé llora y reclama atención las 24 horas del día, no es que haya que tolerarlo, es que eso es tener un bebé normal.

Y qué hay de la necesidad de tener tiempo para los padres.

No es excluyente, por qué no estar con tu hijo. Cuando te casas todos están de acuerdo en que tu vida de soltero se acabó, no sé por qué nadie te dice cuando tienes un hijo que hay que hacer una despedida de pareja en el último mes de embarazo.

¿Estas opiniones que defiende están extendidas en la comunidad científica es un poco outsider?

Me da la impresión de que empecé como outsider, pero cada vez lo soy menos.

El sueño es uno de los quebraderos de cabeza de los padres con los bebés. ¿Algún consejo?

Creo que antes los padres lo daban por sentado, ya sabían que tener un hijo significaba pasar la noche en vela y a nadie se le ocurría que ese era un problema médico que había que consultarle al pediatra. En todo caso igual le pedían al médico de adultos vitaminas para soportar esas noches. Pero, claro, se han creado unas expectativas… a los padres les han dicho por una parte que los niños tienen que dormir solos y por la noche del tirón. Mis padres, por ejemplo, no sabían eso. Yo he dormido con mis padres hasta los seis años, por tanto ellos no sabían que había que dormir solos y como no había otra habitación en la casa… Por otra parte, se ha creado un temor, se les dice a los padres que “si el niño no hace esto de esta manera va a tener problemas cuando sea mayor, no va a salir nunca de la cama de los padres…” y todos se preocupan. Pero no es cierto que los bebés tengan que dormir solos -porque se ve clarísimo que les gusta dormir en compañía- . Cómo se puede hacer más caso a lo que lees en un libro que lo que ves cada día con tus propios ojos. Es el instinto reforzado por la observación. Me escriben madres que me dicen “cuando le dejo al niño en la cuna llora y sólo se calma cuando le cojo en brazos”. Ya ha encontrado la solución. Nadie se quejaría ni se sorprendería si le recomendara unas pastillas homeopáticas para que se calmara o le hiciera un masaje… entonces ¿por qué causa tanto problema aceptar que el bebé se calma con el pecho y cuando se le coge?. Siempre da la impresión de que es una desgracia, nadie dice: qué maravilla, cada vez que mi hijo se despierta me lo meto en la cama y se vuelve a dormir enseguida. Es una solución fácil, barata.

Pero requiere esfuerzo

No, no. Lo que precisa esfuerzo es lo otro. Si yo recomendara que cada vez que el niño se despierte es necesario que los padres se levanten y le den un masaje … eso sí es esfuerzo.

¿Cuál es el sueño normal de un bebé?

No hay pautas. Si un bebé se despierta muchas veces por la noche el problema lo tienes tú que te tienes que levantar a la mañana para ir a trabajar porque luego el bebé sigue durmiendo. Todos los bebés acaban durmiendo las horas que necesitan y si no lo hacen por la noche lo harán durante el día.

¿Sus hijos le han dejado dormir bien?

Bueno, han hecho lo que han podido. Cuando tienes hijos no duermes igual, aunque eso no signifique que duermas peor. Recuerdo una época en la que me despertaba para estar de noche con mis hijos pero no lo recuerdo como un momento de desesperación. Eso es como cuando te vas de marcha por la noche, la pregunta es: ¿qué bien o qué mal lo he pasado?

El problema es que si estás una semana seguida de marcha y hay que trabajar se puede llegar a la conclusión de no querer salir de marcha.

O no querer trabajar. Está claro que no se duerme con la misma intensidad, pero tener hijos es esto, dedicarles tiempo, estar con ellos, consolarles cuando lloran, contestar a sus interminables preguntas…….

Son muchos los que dicen que los niños se guían por rutinas, ¿es así?

No creo que las rutinas sean necesarias y convenientes para el desarrollo de un niño y habría que ver si tu vida es más fácil con rutinas. Estoy convencido de que no son necesarias las rutinas porque los niños se adaptan a muchas cosas distintas, igual que los adultos. Por eso creo que si en algo tenemos que ayudar a nuestros hijos en su educación es a no tener rutinas. Yo quiero tener un hijo adaptable no un hijo que tenga rutinas.

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Estimad@s Soci@s:

Por estos días se cumple un año desde el nacimiento de “Creciendo Juntos”. Estamos muy felices y orgullos@s por todo lo que hemos logrado en este año de vida: charlas, encuentros, talleres, participación en la semana mundial de la lactancia materna y una gran cantidad de actividades que han ido consolidando nuestro trabajo y difundiendo los objetivos que nos proponemos como asociación.

Para celebrar este primer aniversario hemos organizando la charla “Mamar, criar y amar” a cargo del reconocido pediatra Carlos González, fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), miembro del Consejo de Asesores de Salud de La Leche League Internacional, Asesor de la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN) y especialista en lactancia materna, por la Universidad de Londres. Probablemente much@s de nosotros lo conoceremos por sus libros “Un regalo para toda la vida”, “Bésame mucho”, y “Mi niño no me come”, entre otros, los cuales resultan realmente enriquecedores para todos quienes nos esforzamos por una crianza con amor.

Así, es un honor tenerlo como invitado a Zamora y nos parece que esta es una gran oportunidad para que muchas personas puedan conocer sobre la crianza respetuosa y la importancia del apego y el vínculo inicial.

Dicho evento se realizará el día Sabado 21 de mayo a las 18:00 hrs. en el Salón de Actos de los Sindicatos (Plaza Alemania, N°1, Zamora). Les adjuntamos un cartel con los datos de la charla y esperamos que tod@s nos puedan acompañar ese día. Asimismo, l@s invitamos a difundir esta información entre sus contactos para que seamos muchos los que disfrutemos de esta actividad.

Un saludo
Creciendo Juntos
Tel. 619 016 497
Dir. Balborraz 41
Mail: creciendojuntos@gmx.es
Web: https://creciendojuntoszamora.wordpress.com/
ZAMORA

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Gran iniciativa, una entrevista a Carlos Gonzalez por diferentes padres, las preguntas y respuestas no tienen desperdicio! muchas gracias por esta iniciativa!!

del blog mamavaca

Pues si, este hombre es más rápido que un rayo y ya nos ha respondido a todas nuestras preguntas. Desde aquí ( aunque no me vaya a leer ), quiero darle las gracias por haber accedido a participar y haber contestado todas las preguntas.

También quiero darle las gracias a Teta Reina, porque ella es mi ” enlace “secreto. Sin ella, no se como me las habría apañado para contactar con Carlos González. Además, en su blog, podréis encontrar más preguntas y respuestas muy interesantes….

Y no me puedo olvidar de daros las gracias a todas/os los que habéis participado con vuestras preguntas, sin vosotras/os el experimento no habría funcionado.

Por último, también quería agradeceros a todas las que habéis compartido este experimento en vuestros blogs: Ana de Creciendo con David, Misteriosa de Los que vamos contra corriente, el MundobebesBlog y a María de Galleta de hierro ( disculpadme si me dejo a alguien, últimamente no doy abasto con mi lectura de blogs…)

Así que, no me enrollo más, que ya parezco Pedro Almodovar en la entrega de los Oscars!!!!

Ana pregunta:

Mi pregunta para Carlos: ¿Por qué crees que, mientras métodos como el de Estivill son seguidos a pies juntillas, sin buscar en que se fundamenta, ni estudios, ni estadisticas, ni siquiera una triste referencia bibliográfica, los profesionales y padres que defendemos la crianza natural tenemos que fundamentar y basar en estudios todo aquello en lo que defendemos? ¿Como se ha llegado al absurdo de que hay que defender y “justificar y respaldar” lo natural y en cambio no se exige esto mismo para lo arbitrario, lo que es así solamente porque X persona lo dice?

Bueno, no creo que sea tan así. Aunque el libro de Estivill no trae bibliografía, esa bibliografía sí que existe: los niños se despiertan menos (o, más exactamente, llaman menos a sus padres por la noche) con su método. Y aunque yo intento explicar la conducta de los niños basándome en estudios científicos (o en hipótesis cientificas verosímiles), también explico en mi libro mis creencias y convicciones morales, que no tienen ni pueden tener demostración científica.

Suu pregunta:

Me encuentro embarazada de casi 7 meses y tengo una hija lactante de casi 18. Cuando la doy el pecho por la noche siento que me da repelús, no me duele, pero siento como si me molestara el hecho de estar dándola el pecho y estoy pendiente de que acabe. Esto me ocurre sobre todo con el pecho izquierdo y por la noche, ¿por qué me ocurre esto? ¿cómo es posible que por la tarde no tenga estos sentimientos? ¿Y por qué siempre en el pecho izquierdo y no siempre en el derecho?

Pues la verdad, no sé. Si te ocurriese con los dos pechos, tal vez pensaría que tu cuerpo está empezando a mandarte el mensaje de que vayas destetando a la mayor, lo que tampoco es ningún demérito. En la naturaleza, las madres no dan necesariamente el pecho hasta que la cría no quiere más; muchas madres animales niegan el pecho a ciertas edades, y no siempre con buenos modos. Y puesto que los animales ni usan calendarios ni piensan, no puede ser que razonen “mi hijo tiene x meses, es hora de destetarle”; debe haber algo físico que hace que la lactancia ya no le resulte tan agradable como antes.

Ahora bien, nada de eso explicaría que fuera el pecho izquierdo y no el derecho. Y si dices que tampoco es dolor, pues la verdad no entiendo qué es lo que te pasa. En todo caso, no estás obligada a dar el pecho, ni por la noche ni por el día, ni el izquierdo ni el derecho.

Onavis pregunta:Que opina de la gran cantidad de blogs sobre maternidad que existen actualmente? Lee alguno? El hecho que la mayoría difundan un modo de crianza natural cree que es señal de un cambio de tendencia en la sociedad? 

Pues no, no suelo leer blogs. ¡No haría otra cosa en todo el día! Y sí, creo que hay un cambio de tendencia en la sociedad, pero un cambio aún muy pequeño.

Leia Organa pregunta:

¿Tuviste que examinarte diariamente por tu forma de educar y criar a tus hijos cuando comenzaste con este tipo de crianza, como lo tiene que hacer toda madre que se enfrenta al método natural de crianza? ¿Opinas de las nuevas generaciones, estamos demasiado polarizadas?

¿Por “examinarte” te refieres a que yo mismo hacía “examen de conciencia”, o a que otros “me examinaban”? En realidad, creo que ninguna de las dos cosas. No me pareció especialmente difícil criar a mis hijos; yo mismo había sido hijo antes de convertirme en padre. Todavía recuerdo qué hacían mis padres, y cuáles de las cosas que hacían me gustaban y cuáles no.

LadyA

mi pregunta sería si ha tenido alguna vez la oportunidad de debatir cara a cara con Eduard Estivill acerca de las diferentes corrientes de crianza actuales. 

Pues no. Una vez participamos en un programa de radio, pero fue muy cortito y ni siquiera estábamos “cara a cara”, porque estábamos en distinta ciudad.

La mama de una bruja pregunta:

a mí me gustaría saber cómo le surgió todo este tema de la crianza natural, de la lactancia prolongada,… cuando es tan poco habitual y cuando la mayoría de los pediatras se centran sólo en temas más “médicos” 

Ya en primero de medicina tuve un profesor de prácticas de anatomía que nos echaba discursos a favor de la lactancia materna. Y un verano que frecuenté la biblioteca (la Central de Cataluña, la de la calle del Carmen, con sus imponentes bóvedas góticas), no recuerdo si el verano antes o el verano después de primero de medicina, ojeé un libro de psicología infantil (jamás recordaré cuál), donde decía bien claro que a los niños conviene cogerlos en brazos, pese a la errónea y extendida creencia contraria. Y en el libro de texto de pediatría de Nelson, que era (y sigue siendo) el texto fundamental de la materia, decía bien claro que si tenías algún problema con la lactancia contactases con La Leche League, y años después contacté…

Misteriosa pregunta: (miles de millones de GRACIAS por decidirse a escribir unos libros tan amenos que tanto me han abierto los ojos).

Usted critica abiertamente a compañeros de profesión, en un gremio altamente corporativista. ¿Ha tenido problemas (desprecios, ninguneos, etc), por tener una visión tan diferente de “la norma” y decirlo sin tapujos? ¿Le han puesto zancadillas en su carrera? 

No, para nada. Creo que eso del corporativismo de los médicos es una leyenda urbana. Los médicos nos pasamos la vida criticando o desmintiendo ideas propuestas por otros médicos, así es como funciona la ciencia. Yo no critico a personas (y si lo he hecho, o parece que lo he hecho, pido disculpas), sino ideas, y ningún científico se enfada porque otros critiquen sus ideas.

Y por último: ¿Cómo se siente al ver que tantos padres nos decidimos a seguirle? ¿Orgulloso? ¿Confundido? ¿Animado a seguir? ¿Preferiría no haber abierto la caja de Pandora o más bien lamenta que nadie lo haya hecho antes?

La caja de Pandora contenía todos los males del mundo, así que seguro que no la he abierto. Y por supuesto que alguien lo ha hecho antes, mucha gente lo ha hecho antes. No sólo miles de millones de personas a largo de siglos y de milenios han criado a sus hijos; es que también han escrito libros sobre el tema. Yo sólo soy un divulgador, he intentado hacer llegar a más gente, en un lenguaje más asequible, las ideas de Bowlby (y de algunos otros). En El acercamiento a Almotásim, Borges fabula que cada palabra de sabiduría o bondad escuchada al vuelo en un mercado o en un campamento de caravaneros no es más que el eco o el reflejo mil veces distorsionado de las enseñanzas de Almotásim, enormemente (¿infinitamente?) sabio y bondadoso. Del mismo modo, muchas veces he tenido la sensación de que cada cosa buena o sabia que leía sobre los niños venía en último término de Bowlby.

Pienso que la mayoría de los padres que creen seguirme no me están siguiendo. Es decir, no es que iban a dejar llorar a su hijo y gracias a mi libro lo cogen en brazos. Creo más bien que lo hubieran cogido en brazos igualmente, o que hubieran intentado dejar llorar un día pero no lo habrían podido resistir. Algunos me dicen “ leí tu libro durante el embarazo, y eso cambió mi forma de ver a los niños”, pero creo que fue más bien el embarazo y la maternidad lo que les cambiaron. Creo que, en la mayoría de los casos, mis libros sólo han servido para que los padres “salgan del armario”, para que hagan con orgullo lo que de otro modo tal vez habrían hecho a escondidas.

María pregunta:

¿Como afecta a quedarse embarazada seguir dando el pecho?¿Resulta más complicado? 

¿“Complicado” en qué sentido? ¿Que es difícil quedarse embarazada? Bueno, no me extenderé que ya se ha dicho en muchos sitios, desde luego la lactancia dificulta al principio el embarazo, pero con el paso de los meses el efecto disminuye, y a la larga todas las madres se quedarían embarazadas antes del destete. ¿Que es complicado estar embarazada mientras se da el pecho? Bueno, dependerá de los casos. Para unas, dar el pecho y llevar un embarazo al mismo tiempo puede ser complejo, difícil, cansado o estresante. Pero también podría hablarse de lo complicado que es trabajar y estar embarazada, o cuidar un hijo (¡o varios!) y estar embarazada, o ir a esquiar y estar embarazada…

Silvialina pregunta:

desde que nació mi hija pequeña hace 11 meses no he conseguido resolver una duda. Al final del embarazo di positivo en toxoplasmosis, mi hija desde entonces ha estado en tratamiento y todo ha ido genial excepto por un susto que nos dio en una ecografia la aparición de una calcificación cerebral, que gracias a Dios a mi hija no la afecta para nada. El tratamiento lo hemos tenido que suspender porque la medula cada vez esta mas resentida y la cuesta recuperar los neutrofilos. Y después de este rollo que os he contado, mi pregunta esta relacionada con la lactancia materna y el posible beneficio en mi hija de la misma. No se si mi leche la ayuda en sus defensas contra este parasito o no; y a parte tampoco se si los datos en la Igg están influenciados por la lactancia o no tiene nada que ver.
Yo estoy convencida en que la lactancia esta ayudando mucho a mi hija pero cuando pregunto a lo medicos no lo dan ninguna importancia, a parte de no saber resolver mis dudas al respecto 

Desde luego que la lactancia es buena para tu hija, como para todos los niños, pero no creo que la ayude especialmente con el toxoplasma, ni que afecte a los resultados de laboratorio. Simplemente habrá que seguir el tratamiento que os digan, independientemente de que tome el pecho o no.

Ana Cardenas pregunta:

alguna vez me han preguntado si es posible hacer donación de ovulos dando el pecho,y no he sabido que contestar porque no se hasta que punto las hormonas del tratamiento que hay que pincharse pueden afectar al niñ@. 

No, esas hormonas no pueden perjudicar al bebé. Teóricamente sí que podrían disminuir la producción de leche.

Y la otra es,si todos sabemos que la L.M es recomendada minimo hasta los dos años …porque en mi centro de salud las pediatras al año van convenciendo a los padres de que le vayan quitando “la teta” y que a los 6 meses se vaya acostumbrando a dormir solito en su cuarto y nada de dar el pecho cuando lo pida por la noche… que puedo hacer ante esto? es denunciable?

Los médicos muchas veces hacemos en la práctica cotidiana cosas que no son las que recomiendan los expertos ni enseñan los libros de medicina. Se dan antibióticos innecesarios, se hacen diagnósticos dudosos, se recetan medicamentos inútiles… Y si esto ocurre con los aspectos estrictamente “médicos” de la profesión, con lo que se supone que un médico debe estudiar, pues mucho más con cuestiones que no son “médicas” (es decir, no se refieren al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades). En cuestiones de crianza, muchos profesionales simplemente recomiendan lo que recomienda la mayor parte de la sociedad, o lo que recomendaba la sociedad cuando ellos tuvieron hijos. Sus consejos son similares a los que te dará tu suegra o tu peluquera.
Por supuesto que no es denunciable, no es ningún delito, y ya bastante sobrecargados que están los tribunales. Y, aunque fuera denunciable, no sería bueno denunciarlo. Sólo te convertirías en la mala de la película. No quieres ser la que envió a un médico a la cárcel, ni siquiera la que provocó que a un médico lo convocaran al despacho del director para echarle un sermón. Lo que te interesa es que ese médico cambie de opinión, y eso jamás se consigue por las malas.

Onenoe pregunta:

¿Qué opina Carlos González sobre el hecho de que no se estudie nada o apenas nada sobre la lactancia materna en la carrera de Medicina o de Enfermería? ¿Qué formación recibió él al respecto en la facultad? Ojalá que personas como él consigan que l@s futur@s pediatras y enfermer@s de pediatría este país se formen y se reciclen en el tema de la lactancia ya! 

Yo recibí 10 minutos de clase sobre lactancia materna. Hoy en día, en muchas facultades y escuelas de medicina o enfermería, la lactancia está mucho más presente. De todos modos, pensemos que difícilmente la formación podrá ser mucho más larga. Un médico tiene que estudiar muchas más cosas; si dedica 20 horas a la lactancia materna, ¿cuántas horas a la tuberculosis, a la insuficiencia mitral, al reflujo vésico-ureteral, a la anemia megaloblástica, al neuroblastoma…? ¡Tenemos que acabar la carrera antes de jubilarnos!

Otra pregunta que me gustaría hacerle es si se ha incrementado el porcentaje de mujeres que amamanta en estos últimos años, a mí así me lo parece…

Sí, claramente la lactancia materna ha aumentado. Poco el número de mujeres que inicia la lactancia (que siempre fue alto), pero mucho la duración media de la lactancia. Se puede hacer un experimento: qué cada una compare cuánto dio el pecho ella y cuánto dio su madre.

Y finalmente, es curioso que a las que damos pecho se nos suele llamar gitanillas, je, je (siempre con la teta fuera) y me parece que las mujeres de esta etnia ya no dan pecho en su mayoría. ¿Es esto así? Además leí algún estudio que decía que actualmente la mayoría de mujeres que da el pecho es la que tiene más formación. ¿Qué le parece este hecho cuando hace apenas un siglo existía la figura del ama de cría?

No conozco estudios y estadísticas, pero varias personas que conocen el tema me han dicho que, en efecto, entre los gitanos la lactancia ha bajado muchísimo, al menos en algunas zonas. Probablemente debido a los intentos bienintencionados de repartir leche gratis desde servicios sociales y centros benéficos.
Por supuesto hay gente que necesita ayuda, pero nunca hay que dar leche gratis. Si una madre es tan pobre que no tiene dinero para darle a su hijo el biberón, págale el alquiler de la casa, o la factura de la luz, o regálale ropa o comida, pero no le regales leche para el biberón.

Muchos cambios sociales siguen un ciclo. Primero lo hacen los ricos, porque es nuevo y caro y da prestigio. Luego lo hacen las clases medias, que quieren ser como los ricos, y finalmente los pobres, que quieren ser como la clase media. Y finalmente, los ricos dejan de hacerlo, a veces porque se descubre que es perjudicial y los ricos están mejor informados, o simplemente porque, como ya lo hace todo el mundo, ya no es elegante. Ha pasado con el tabaco, por ejemplo. O con el turismo de soy y playa; los ingleses que hay hoy en nuestras playas no son de la misma clase social que los ingleses que venían hace ochenta años.

Durante siglos, en gran parte de Europa, las mujeres ricas no daban el pecho. Era una cuestión de estatus. Flaubert lo explica muy bien en Madame Bovary, ambientada en la época en que esa moda había pasado de la aristocracia (que podía permitirse tener una nodriza 24 horas en el palacio) a la pequeña burguesía, que enviaba a sus hijos al campo durante meses o años, internos en casa de una nodriza que no les prestaba mucha atención. Tras el destete, iban a recoger a los que habían sobrevivido y se los llevaban de vuelta a la ciudad.

Madre de Mellizos pregunta:

Sinceramente cree que la lactancia artificial influye negativamente en el desarrollo del Coeficiente Intelectual del bebé? Si fuera cierto, no cree que los fabricantes de Leches de Inicio o Continuación reforzarían sus fórmulas (aunque solo fuera para publicitarse como la mejor)? 

Ya lo han hecho. Casi todos los fabricantes tienen leches enriquecidas con taurina, o con PUFA, leches “plus” o “forte” o “plus forte”, leches que contribuyen a “la correcta maduración y desarrollo del Sistema Nervioso Central y la retina” o son “de gran importancia en el desarrollo y maduración de las estructuras cerebrales”, o pueden “Estimular su Sistema Nervioso Central” o que “que contribuyen a favorecer el desarrollo auditivo y visual” (y si buscas cada una de estas frases, con comillas y todo, encontrarás la leche en cuestión).

Me parece probable que la lactancia artificial influya en el desarrollo intelectual. Pero en todo caso la influencia es pequeña, sin apenas influencia práctica, y muy difícil de demostrar: no hay ni se pueden hacer estudios aleatorios; hay muchos factores involucrados además de la lactancia y curiosamente algunos de los estudios que indican ese efecto están subvencionados por la industria láctea. Por ejemplo, este estudio de Lucas, quizás el mejor y más demostrativo, subvencionado por Farley (Heinz): ver articulo.

En el caso de Parto Múltiple, la madre puede amantar con estrés o nerviosismo, en estos casos, no resultaría más beneficioso para los bebés una lactancia artificial calmada y compartida con el padre?

Creo que la madre puede dar el pecho, si quiere, y dar el biberón, si quiere. Y si una madre tiene estrés o nerviosismo, también tiene derecho a dar de mamar, si quiere.

Nunca he tenido gemelos, pero tener los hijos de uno en uno ya puede causar suficiente estrés y nerviosismo, así que supongo que cualquier madre de gemelos estará, en ciertos momentos, al borde de un ataque de nervios.

Anónimo pregunta:

Yo en la actualidad trabajo en una antigua casa de niños, la verdad es que se usa el método estivil pero algo”modificado” ya que no creo que nada llevado al extremo sea positivo, pero ahora que estoy deseosa de tener ya mi primer hijo(que está tomándose su tiempo) me encuentro en la encrucijada de trabajar en un modelo pero sentir que quiero otra cosa para mi hijo, ¿cómo hacerlo sin que sea demasiado contradictorio? ¿cómo digo que las directrices del centro( y ojo que se respeta a los niños, sus tiempos y necesidades y todo con muuuucho cariño) no es lo que quisiera para mi hijo? ¿ cómo compatibilizo ambas cosas? Necesito una visión externa y profesional. 

Cualquier persona que trabaja con niños siente la diferencia entre cómo trata a sus “clientes” y cómo trata a sus propios hijos. Yo, como pediatra, soy consciente de esa diferencia, y sólo estoy un ratito con cada niño. Lógicamente, una niñera o un maestro, que pasan muchas horas al día con esos niños serán muchos más conscientes de esas diferencias. A veces lamentas no poder prestar a tus “clientes” la misma atención que prestas a tus hijos. Pero, qué caramba, no puedes. No puedes físicamente, sobre todo en España, con esos absurdos 8 bebés por cuidador en la guardería (creo que es el récord en Europa occidental, en los países normales el máximo es 3 o 4). Y no puedes anímicamente, porque no son tus hijos, y tienes que poner barreras para no involucrarte demasiado, para no quedar atrapada en un vínculo afectivo sin futuro.

Así que tratarás a tus hijos lo mejor que puedas tratar a tus hijos, y tratarás a tus clientes lo mejor que puedas tratar a tus clientes, y sería maravilloso poderlos tratar a todos igual de bien, pero es imposible, y desde luego lo que no puedes hacer es tratarlos a todos igual de mal. Tus hijos tienen derecho a que no los trates como educadora, cuidadora, enfermera o pedagoga, sino como madre, y por tanto los vas a tratar mucho mejor que a los otros.

(Tal vez a alguien le haya sorprendido que yo hable de poner barreras con los niños a los que cuidas. Pero es así. Es un hecho, una necesidad psicológica. Todos lo hacemos, y lo tenemos que hacer, o nos volveríamos locos. Yo puedo preocuparme muchísimo por la enfermedad de un paciente, y un abogado puede dedicar horas a luchar por la libertad de un cliente. Pero no nos va a afectar tanto, no nos puede ni debe afectar tanto, como si fuera un ser querido el que estuviera en el hospital o en la cárcel. Muchas trabajadoras de guarderías cuidan a los bebés con infinito cariño, y si el tiempo lo permite los cogen en brazos, les cantan, les acarician, les besan, casi parecería que lo cuidan como a un hijo, que han establecido un vínculo afectivo. Pero no es así, han puesto una barrera mental, porque de lo contrario cuando ese niño se va de la guardería sufrirían tanto como la madre a la que le arrebatan un hijo. ¿Qué cuidadora de guardería llama por teléfono al cabo de unos meses, no digamos al cabo de unos años, a los padres de esos niños para preguntar por ellos, o habla con esos niños a los que tanto mimó cuando tienen ocho o doce años, o les felicita por sus cumpleaños o les invita a merendar? Cosas que sí haces, por ejemplo, con un sobrino. Tienes más relación afectiva con un sobrino al que sólo ves de vez en cuando que con un niño al que has cuidado ocho horas al día durante dos años. Una excepción eran, antiguamente, algunas nodrizas o niñeras que vivían en casa del niño y sí establecían un vínculo afectivo).

Misteriosa vuelve a preguntar:

Doy pecho a una niña de 3 años y pico (1 ó 2 veces al día, algún día nada, en fin); el otro día fui a donar sangre, en el análisis me salió que estaba un pelín baja de hierro. Cuando mencioné lo de la lactancia, el doctor me dijo que la lactancia aumenta las demandas de hierro, y por tanto ese día me recomendó no donar. Mi pregunta es: Si hubiera estado dentro de los márgenes permitidos, amamantando a un niño grande (no un bebé que entonces lo último que te apetece es ir a donar sangre), ¿puedo donar sangre sin problemas? ¿Existe algún sitio donde haya alguna documentación sobre esto? 

La lactancia no aumenta las demandas de hierro, sino que las disminuye (sobre todo al principio, por la ausencia de menstruación, que es por donde pierden hierro las mujeres).
Sí, dando el pecho se puede donar sangre, aunque por desgracia en España (lo miré hace años, ahora no tengo tiempo y no sé si lo han cambiado) dicen que no. Lógicamente no es razonable dar sangre poco después de un parto (cuando acabas de perder sangre), y por tanto sería lógico poner un límite en meses. Pero en vez de hablar de meses, dijeron “durante la lactancia”, sin duda pensando que nadie da el pecho más de tres meses. No saben que mucha gente lo da dos o tres años.

Enrique pregunta:

¿Doctor, ha pensado en algún momento en escribir libros incluyendo al padre seriamente en la crianza y la educación de su hijo/a? 

Ya lo he hecho. En Bésame mucho, que es el que habla de educación, salen un montón de padres (en mi libro sobre lactancia, por motivos obvios, sale más la madre). En general hablo genéricamente de “padres” salvo que esté diciendo algo que se aplica específicamente a la madre. Y en los ejemplos saco a veces padres y a veces madres.

¿Por qué usted, al igual que Eduard Stivill, se empeñan en escribir libros realizando afirmaciones con faltas de pruebas científicas?

En mis libros intento distinguir muy claramente los datos basados en pruebas científicas de las creencias que no son más que opiniones personales. Por ejemplo, en la página 136 de Bésame mucho dice “Anders filmó durante toda la noche a dos grupos de niños, de dos y nueve meses de edad, y observó que el 44 por ciento…”; eso es un hecho científico, y viene la referencia. En cambio, en la página 195, digo “no creo que los niños necesiten castigos para aprender”. No doy ninguna referencia científica, y claramente, con ese “no creo”, hago saber a los lectores que es una opinión y que ellos pueden creer otras cosas distintas.

¿Sabía que un bebé no busca una relación con su madre, sino una relación con quien le quiera y le proteja, independientemente de quien sea?

Por supuesto, el bebé, de acuerdo con la teoría del apego de Bowlby, establece una primera relación afectiva con una “figura primaria de apego”, que en la inmensa mayoría de los casos es la madre, pero también podría ser el padre, otro familiar, o incluso un cuidador en un orfanato.

¿Sabe usted que existe un objeto denominado sacaleches, que permite dar leche materna a los bebés a través del biberón, lo cual permite al padre o a otros seres implicarse en la crianza de sus hijos/as?

Sí, conozco en el sacaleches, y hablo de él en Un regalo para toda la vida. Pero no creo que el sacaleches sea necesario para que el padre se implique en la crianza de sus hijos. Un padre puede mecer, acariciar, dormir, cantar, vestir, bañar, cambiar, pasear, entretener, escuchar, hablar o instruir a su hijo sin necesidad de un sacaleches.

¿Ha leído alguna vez a Burton White; especialmente su libro “Los tres primeros años de su hijo”? Le recomendaría que lo hiciese antes de volver a publicar más libros.
(Y sobre todo recomendaría leer “Educar a niños y niñas de 0 a 6 años, de Maite Vallet).

Pues no, no los he leído.

¿Sabía que la lactancia artificial no genera problemas en los bebés, sino que lo que ocurre es que no impide que desarrollen problemas fisiológicos? Sí, digo fisiológicos, porque un bebé que no toma leche materna es más vulnerable a padecer enfermedades fisiológicas, pero de ningún modo problemas socio-afectivos.

El concepto de “enfermedad fisiológica” me suena un poco raro. Las enfermedades son patológicas, lo fisiológico es la salud.
Repetidamente he dicho en mis libros que el hecho de que la lactancia artificial produzca determinados problemas de salud no me parece muy relevante. No se da el pecho porque proteja contra la diarrea, ni se dejaría de dar si encontrasen otro método mejor de proteger contra la diarrea. La lactancia no es una medicina que el médico receta, sino una parte de la vida de la mujer, que ella tiene derecho a disfrutar. Nunca he dicho “dale a tu hijo el pecho, porque es lo mejor para su salud” y cosas parecidas. Ahora bien, el que el efecto de la lactancia sobre la salud no me parezca relevante no significa que no exista. Existe, y es muy grande, y la gente tiene derecho a saberlo. Encontrará por ejemplo una amplia revisión en este documento de la OPS:

Brujilla pregunta:

¿como se siente siente siendo un “guru” de la crianza con apego? 

Horrible. No me gusta ser gurú de nada, nunca he intentado serlo, y me atemoriza que algunas personas puedan considerarme como tal.

Alicia S pregunta:

¿De verdad un niño que muestra gran dependencia de su madre (mamitis) va a ser un niño independiente? Y si es así, ¿a qué edad empieza a notarse esa independencia?, cuando un niño tiene mamitis la gente no para de decirte que le estás haciendo dependiente, que cuando no estás está tan feliz pero llegas y se pone insoportable, etc…. 

Bueno, ese es el comportamiento normal de un niño pequeño: cuando no está su madre, a veces llora bastante, pero en general puede estar bastante tranquilo. Cuando vuelve su madre, la busca y se pega a ella. Empezarás a notar su independencia… con el tiempo.

Patri8 pregunta:

Muchas madres tenemos la “desgracia” de tener que estar siempre inventando, luchando, buscando la forma de que nuestros bebes no dejen el pecho prematuramente ( a los 5 meses, por ejemplo)¿qué cosas hacen diferentes esas madres, cuyos bebes adoran su pecho? Quiero decir,¿esto puede ser más un problema de actitud de las madres o la cuestión recae sobre los hijos?

 

¿Se refiere a un niño que toma pecho y biberón, y cada vez toma más biberón y menos pecho?
Porque no creo que un bebé que toma lactancia materna exclusiva deje el pecho, a menos que esté enfermo. Y, evidentemente, perdería peso rápidamente, si dejase el pecho. Lo que hay es muchos bebés que a partir de 3 meses no necesitan mamar tantas veces o tanto tiempo como antes, pero eso no significa que mamen menos, sino que maman muy deprisa. Siguen engordando, y no hay que hacer nada para que mamen más (¡se enfadan!).

Val pregunta:

Tengo un hijo de ocho meses que desde el día que nació tomó la teta perfectamente, pero desde la segunda semana de nacido le diagnosticaron reflujo esofagástrico y le recetaron fórmula, sin embargo yo seguí dándole teta y lo disfrutábamos mucho. Hasta los cinco meses y medio, tomó biberón y teta, pero un día simplemente no quiso más teta y de ahí no he podido convencerlo de volverla a agarrar. Será que se autodestetó a los cinco meses y medio o que pasaría? puedo hacer algo para relactarlo o será que si él no quiere ya no tiene sentido? 

Vale, esto sí que es lo que decía antes. Ha dejado el pecho porque tomaba más biberón. Si no, no habría dejado el pecho. Para ralactarlo, habría que sacarse leche al menos seis veces al día, y esa leche dársela antes que la leche artificial, hasta conseguir producir unos 700 ml de leche al día. Y al mismo tiempo irle ofreciendo el pecho, que a lo mejor lo coge y a lo mejor no…

El problema aquí fue comenzar con los biberones. Un niño con reflujo no necesita fórmula para nada. Las “leches antirregurgitación” son inútiles, ni siquiera a un niño que ya toma biberón vale la pena cambiarle la leche para darle una “antirregurgitación”.

Ester Pregunta:

¿porqué un niño de 15 meses se despierta entre cuatro y diez veces por noche, la mayor parte de veces asustado, llorando, y cuesta mucho calmarlo?. A la teta en unos minutos se duerme de nuevo, pero dia tras día a ese ritmo mamá está agotadísima. 

Seguro que se despierta? No vayan a ser terrores nocturnos, que no tienen nada que ver con las pesadillas. En el terror nocturno, el niño no está soñando, ni se despierta, sino que está en la fase más profunda de sueño. Grita en sueños, llora en sueños, y puede moverse en sueños (está relacionado con el sonambulismo), pero no está despierto, y por eso “cuesta mucho calmarlo” (normalmente, el que ha tenido una pesadilla o simplemente se despierta y busca a su madre, se calma en cuanto lo coges). En el terror nocturno, el niño no se cama con sus padres porque no los ve, está dormido. Puede ser incluso que les rechace o les pegue, de forma automática, como quien se espanta una mosca.

Claro, no todas las veces que se despierte serán terrores nocturnos, porque un niño de esta edad normalmente se despierta varias veces, toma teta y se calma. Y si cuando se despierta está junto a la madre, no llora nada o casi nada. Tendrá episodios de los dos tipos.

En un terror nocturno, una vez comprobado que el niño no nos ve y no se calma con nuestro contacto, simplemente hay que esperar sin hacer nada, en unos minutos se les pasa. PEro si insistimos en “consolarlos” al final los despertamos, y entonces se quedan muy desvelados y les cuesta mucho volver a coger el sueño.

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Publicado en el número 29 de la revista Mente Sana.

Empezar a ir a la escuela es un cambio importante en la vida de todos los niños: personas nuevas, normas y horarios diferentes…Como todo proceso adaptativo, la escolarización debe hacerse paulatinamente. Tener en cuenta su grado de madurez es la clave para evitar que el niño sufra.

La mayor parte de los alumnos de infantil y primaria -entre los 3 y los 12 años- se lo pasan bien en la escuela. Raramente lloran en la puerta o se agarran a los brazos de su madre o de su padre. Pronto entran en la escuela sin volver la vista atrás. Los padres acaban renunciando a exigir un beso de despedida -“Qué vergüenza, delante de mis compañeros!”-, y el día menos pensado te ruegan que dejes de acompañarlos.

Aunque ocasionalmente puedan quejarse de algún compañero, de alguna “injusticia” de los profesores o de la dificultad de algún ejercicio, van a la escuela ilusionados y sin oponer resistencia. Aún más, a principios de septiembre se aburren tanto en casa que desean volver al cole.

Pero esta situación no es siempre así. Algunos niños sufren en la escuela o se niegan a ir. ¿Cómo podemos ayudarles?

¿Seguro que está listo?

Naturalmente, no todos los niños crecen a la misma velocidad. A los tres o cuatro años hay niños que todavía no están preparados para separarse de sus padres, del mismo modo que los hay que, con dos años, son más independientes. A veces, en los primeros días de clase, se observa un efecto paradójico: niños que ya habían ido antes a la guardería lloran desconsoladamente, mientras que otros que habían estado siempre en casa, entran -y salen- contentos.

Y es que separarse de la madre sin angustia no es algo que se aprenda, no sirve “acostumbrarse” ni “practicar”. Es una cuestión de maduración, de edad. Con un año, no quieren separarse ni un momento de ella; a los cinco aceptan hacerlo; y a los quince, están deseando hacer y deshacer por su cuenta.

Empezar con buen pie

Al niño que separamos de su madre demasiado pronto, lejos de “acostumbrarlo”, podemos dejarle el recuerdo de una triste experiencia. No teme a la escuela sino al lugar donde lo pasó tan mal de pequeño. En cambio, el que espera feliz con su familia y sólo va al cole cuando está realmente preparado no tiene malas experiencias que recordar.

Cuando el problema es la corta edad, el tiempo es el mejor remedio. No se trata de “cómo conseguir que mi hija vaya a la escuela contenta”, porque eso ocurrirá al cabo de unos meses, aunque no hagamos nada de nada. El problema es “en estos meses que faltan hasta que mi hija vaya a la escuela contenta, cómo conseguir que sufra lo menos posible”.

En muchas ocasiones, bastará un poco de comprensión y unas palabras de ánimo. Es importante aceptar la ansiedad del niño – “El primer día da un poco de miedo, ¿verdad?- , explicarle qué hará en la escuela, con quién estará, quién vendrá a recogerle y cuándo. No negar su angustia -“No te pongas así que nadie te ha hecho nada”, “Pero si no pasa nada, tonto”- y mucho menos, ridiculizarlo- “Parece mentira, un niño tan grande llorando, qué va a pensar la señorita”, “Los otros niños no tienen miedo, eres el único que llora”.

Al salir de la escuela, puede que el niño exija más brazos y más atención de la habitual y se pegue como una lapa, o que se muestre malhumorado, gritando, rehuyendo la mirada, protestando por todo. Es importante comprender que éstas son las respuestas normales a la separación, que nuestro hijo necesita comportarse así para sentir que le siguen queriendo y para recuperar la seguridad. Es importante darle esos brazos y esa atención que pide, y tolerar su mal humor sin reñirle ni castigarle.

Una respuesta fría y distante – “Camina que para eso tiene los pies”, “No seas pesada”, “Ahora te estás portando como un bebé, mamá está enfadada”… – justo en el momento que más nos necesitan, no hace más que empeorar las cosas.

En otros casos no basta con buenas palabras. Hay niños que lo pasan realmente mal. Si las circunstancias laborales y familiares permiten otra opción -quedarse un tiempo en casa, o con los abuelos- , es bueno ofrecerla: “si quieres, mañana te quedas en casa en vez de ir al cole”.

Muchas veces, el niño declina la invitación: la seguridad de saber que existe una salida, que sus padres le comprenden y se lo toman en serio, le da el valor para continuar. Otros niños necesitarán quedarse en casa durante unos días o semanas. ¿No será eso un paso atrás, no estaremos contribuyendo a que se enquiste la situación y no se adapte nunca a la escuela? Al contrario: ir un día tras otro, llorando y sufriendo, es lo que puede enquistar la situación.

Algunos niños parece que están contentos el primer trimestre, pero en enero se desmoronan. No debemos pensar que es una tomadura de pelo o un retroceso. Tal vez las vacaciones navideñas les han recordado lo que podía haber sido y no fue: habían llegado a aceptar que “Hay que ir al cole porque papá y mamá trabajan y no hay nadie más que me pueda cuidar”, y de pronto descubren que mamá sí estaba en casa -por ejemplo, si la madre tiene vacaciones- o bien que hay otra alternativa y alguien les ha cuidado cuando no había escuela.

Frente al acoso escolar

Claro que también puede haber motivos más duros para no querer ir al cole. Puede haber un “matón” o un grupo de “matones” que mantiene aterrorizados a los demás niños. Puede haber problemas con chicos mayores, a la hora del patio en la entrada al recinto escolar. Unos niños pueden convertirse en víctimas por algún defecto físico, por su torpeza en los juegos, por problemas de aprendizaje o por no llevar ropa de marca; otros, por todo lo contrario, por “empollones”, “pijos”…No se habla tanto del acoso o los malos tratos por parte de los profesores, pero también se da. Los niños maltratados por su compañeros o profesores pueden callar o incluso negar que han sufrido reiteradamente esos maltratos. Será entonces cuestión de investigarlo.

El rechazo a la escuela no siempre es explícito. Algunos niños tienen con demasiada frecuencia, dolores de cabeza o de barriga que desaparecen misteriosamente a los pocos minutos si se quedan en casa. No siempre están fingiendo. Un niño tiene tanto derecho como un adulto a somatizar, a sentir verdadero dolor de cabeza por estrés. De todos modos, tanto el niño que finge como el que de verdad se siente mal tiene un problema y necesitan comprensión y ayuda, no castigos o sermones.

Lo primero, claro, es preguntarle qué le ha pasado, por qué no quiere ir a la escuela. El problema es que no siempre lo explican, porque no quieren o porque no pueden. Habrá que hablar, entonces, con sus profesores y con otros padres. ¿Ha habido algún problema con los estudios, con los exámenes, con la disciplina? ¿Hay otros niños en clase que no quieran ir a la escuela o que han cambiado de humor o de conducta en los últimos meses? ¿Hay rencillas personales, peleas e insultos entre compañeros? ¿Conflictos con el personal docente?

Buscar alternativas

Los problemas leves se resuelven pronto con paciencia, apoyo y cariño. Pero no siempre es tan fácil. Si el problema es general, la acción conjunta de varias familias, respaldadas si es preciso por psicólogos y pediatras, pueden conseguir cambios en la conducta de la persona conflictiva… o su expulsión.

Pero a veces se trata de una incompatibilidad personal. Algunos niños necesitan un cambio de aires: otros profesores, otros compañeros, otros métodos educativos. Y a algunos, sencillamente, la escuela no les funciona. Si aceptamos que un adulto quiera ser camionero, vendedor o cantante y que aborrezca el trabajo de oficina, ¿por qué a todos los niños les va a convenir estudiar en el mismo ambiente, con las mismas normas, métodos y horarios?

De hecho, a juzgar por las estadísticas de fracaso escolar, son muchos los niños a los que la escuela no les sirve. Tal vez por eso hay familias que optan por educar a sus hijos en casa (véase http://www.educacionlibre.org).

En último término, en caso de conflicto, los padres tenemos que recordar que nuestra lealtad y nuestro deber están con nuestros hijos, no con el sistema educativo.

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REPORTAJE: Vida & Artes

Pocas mujeres dan a sus bebés el pecho pese a las políticas públicas de fomento de la lactancia materna – Pesan la cultura del biberón y la falta de formación y apoyo de los profesionales

Una de las experiencias más agobiantes para una madre primeriza es intentar que el bebé llorón y hambriento que acaba de revolucionar su mundo se enganche al pezón, dolorido por las grietas, mientras su suegra repite: “Dale un biberón, se crían igual de bien”. Y es que cualquier conversación de madres, un vistazo a los foros de Internet, o la cantidad de artilugios inventados para facilitar la lactancia materna parecen indicar que somos unos extraños mamíferos que ya no sabemos alimentar a nuestros bebés, y que nos extinguiríamos si no existieran los biberones.

  • Falsos mitos sobre la lactancia materna
  • Los riesgos del biberón

  • Carlos González

    Carlos González

    ENTREVISTA DIGITAL – 03-08-2010

    Pediatra y autor de ‘Un regalo para toda la vida. Guía de la lactancia materna’.

    Foto

    Código de comercialización de sucedáneos de la leche materna

    DOCUMENTO (PDF – 561,27Kb) – 04-08-2010

    Foto

    Real Decreto de comercialización de leches artificiales

    DOCUMENTO (PDF – 171,87Kb) – 04-08-2010

    La noticia en otros webs





    La OMS aconseja lactancia materna exclusiva hasta los seis meses

    Solo se sigue esta recomendación con el 36% de los niños españoles

    La industria ha logrado que se vea la leche de fórmula como la más norma

    Las madres no han podido aprender de otras mujeres cómo se amamanta








    ¿Por qué algo en teoría natural resulta tan difícil hoy en día, hasta el punto de que muchas madres deciden no dar a sus bebés leche materna, pese a sus incontables beneficios, tanto para la salud como para la vinculación afectiva? La Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef y la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomiendan amamantar de forma exclusiva (sin agua, zumos, infusiones, ni leche artificial) hasta los seis meses de vida, y seguir con la lactancia, junto con otros alimentos, hasta los dos años o más.

    Pero la realidad es muy distinta: aunque a la salida del hospital, la mayoría de las madres (80%) dan el pecho, a los tres meses solo el 52,5% de los niños toman leche materna en exclusiva, y a los seis, el 36%, según los datos que dio el lunes, comienzo de la semana mundial por la lactancia, la AEP.

    Una mezcla de falta de formación y de apoyo coordinado de los profesionales, junto con la información insuficiente de la futura madre, sometida a un bombardeo de falsos mitos y presiones familiares y sociales, dificultan que se cumplan las recomendaciones sanitarias y los deseos de muchas mujeres de prolongar la lactancia. Subyace la pérdida de referentes culturales, tras décadas en las que no hemos podido aprender a amamantar observando a otras mujeres pues el biberón se ha convertido en la norma, en gran parte por la mercadotecnia agresiva de los fabricantes, que han logrado que se vea como positivo alimentar a los bebés con leche de otra especie -la vaca- en la que hay que eliminar y añadir componentes para imitar a la leche materna. Si se suman las raquíticas políticas para compaginar lactancia y trabajo, como la baja maternal de 16 semanas, el resultado es obvio.

    La vivencia de Mónica Cuello, de 31 años, es un ejemplo de esta conjunción de factores. No pensaba amamantar -“mi madre no pudo”, dice, algo de lo que están convencidas muchas mujeres que dieron a luz en la segunda mitad del siglo XX-, pero tras las clases de preparación al parto, decidió hacerlo. “El problema es que te dicen que es importante dar el pecho, pero no cómo ni qué esperar”, opina esta mujer trabajadora. “No me informé más pues creía que era algo natural”.

    Cuando nació Alejandro, hace 15 meses, se dio de bruces con la realidad. “El primer día ni me preguntaron cómo me iba. Sólo me dijeron que me lo pusiera 10 minutos a cada pecho cada tres horas”. Cuello pensaba que mamaba bien, pero al día siguiente había perdido el 7% de peso, y le dieron un biberón de leche de fórmula. Cuando al fin una matrona le ayudó a colocarse al niño al pecho, le dolió mucho. “Me dijo que tenía que doler”. Esta madre abandonó la lactancia antes de salir del hospital. “Del dolor tan fuerte me deprimía y no me permitía estar bien con el bebé”.

    “El mayor error es que las madres lleguen pensando que dar el pecho es fácil”, opina Jesús Martín-Calama, coordinador nacional de la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia. Lanzada por la OMS y Unicef, acredita a los hospitales que cumplen una docena de pasos con el sello IHAN, que en muchos países se identifica con una atención de calidad. “En el 50% de los casos, hay problemas”, dice Martín-Calama. “Los bebés se tienen que adaptar al pecho de su madre, y para eso, necesitan paz, tranquilidad, tiempo para ponerse en contacto y acoplarse”, explica. “Que quede claro que los primeros 10 días no es fácil, no es lo bonito que vendrá luego. Pero como no ayudes a la madre esos primeros 10 días, se quedará sin vivir esa experiencia”.

    Para Martín-Calama, “lo que distorsiona todo es la gran facilidad para solucionar cualquier problema con un biberón, lo que no sucede en la naturaleza. Al mínimo contratiempo, se tira la toalla”, afirma. “El mundo sanitario sigue sin confiar en que la madre produzca suficiente leche, lo que hace que muchas abandonen en los primeros meses”, critica Gema Cárcamo, presidenta de Multilacta, una asociación madrileña de apoyo a la lactancia.

    “Ni para ser médico ni pediatra me enseñaron nada sobre lactancia”, dice Carlos González, autor de Un regalo para toda la vida. Guía de la lactancia materna. “Ahora sí se hace, pero los médicos que llevan más años necesitan un reciclaje”. Es un problema común en los países desarrollados. “Con demasiada frecuencia, cuando hay dificultades, los profesionales de la salud suplementan con biberones, por falta de las destrezas o la experiencia necesarias”, dice Bernadette Daelmans, médica del equipo de salud y desarrollo de recién nacidos y niños de la OMS.

    Josefa Aguayo, miembro del comité de lactancia materna de la AEP y jefa de sección de Neonatología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla va más allá: “Hay muchas interferencias. Empieza desde la medicalización del parto, lo que se ha extrapolado a la lactancia y la crianza”, opina. “Aún hace falta mucha formación”, afirma Aguayo, para la que es fundamental que los profesionales, desde atención primaria, transmitan un “único mensaje” a la mujer. Coincide Concepción Martínez, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones de Matronas de España, quien añade: “Se ha perdido el instinto. Un recién nacido, si lo dejas sobre su madre, piel con piel, a los 70 minutos como máximo empieza a mamar”.

    La experiencia de Cuello también muestra una situación frecuente, tanto en centros públicos como privados: la contradicción de que una política oficial de apoyo a la lactancia materna, en la práctica, choca con rutinas anticuadas, falta de formación o un simple comentario de un profesional, que dicho en un momento de máxima sensibilidad y agobio, puede acabar con el deseo de amamantar de la mujer.

    Aunque el hospital de Cuello siguió la recomendación de poner al recién nacido sobre la madre, llevó a cabo prácticas desaconsejadas: fijar duración y tiempo a la toma, dar leche artificial sin haber intentado que la madre se extrajera leche, y hacerlo en biberón en vez de con jeringuilla (para evitar que el bebé confunda el modo de succionar la tetina con el del pezón, totalmente distintos). Y por último, dejar que la mujer se fuera con la convicción de que dar el pecho es doloroso, cuando con solo corregir la postura podría haber dejado de serlo.

    “Desde 2008, sabiendo que las cosas no se hacían bien, empezamos un proyecto de fomento de la lactancia materna”, explica la doctora Begoña Arias, responsable de este programa en los hospitales de Sanitas, entre ellos el de La Moraleja, donde dio a luz Cuello. Arias reconoce que, por desgracia, “estas cosas puntuales seguirán pasando”, aunque se trabaja para evitarlo: han dado charlas de formación a todo el personal, están cambiando protocolos de actuación, y han creado una consulta externa de lactancia para las madres una vez recibida el alta.

    “Es muy difícil lograr el cambio de mentalidad de todos los profesionales de un centro”, confirma Martín-Calama. En España, sólo hay 15 hospitales acreditados por la IHAN, y otros dos están en proceso muy avanzado. Son menos del 10% del total, frente al 90% en países como Suecia o Noruega. “Hay que poner a todo un hospital, incluidos auxiliares o celadores, a trabajar para una causa”, explica.

    El 12 de Octubre (Madrid) está a punto de lograr la acreditación, algo meritorio, según Martín-Calama, dado el tamaño del centro, con 7.000 trabajadores. Es el primer hospital español con un banco de leche materna, y sigue prácticas como limpiar al recién nacido o valorar su salud encima de la madre, incluso tras una cesárea si su estado lo permite. Las vacunas o el peso se posponen dos horas, y se intenta que madre y niño se separen lo mínimo. Un profesional observa la primera toma para prevenir problemas.

    Este centro cuenta con una consultora certificada en lactancia materna, Juana María Aguilar. Una de sus labores es impartir talleres a las madres ingresadas. En camisón, y la mayoría con el bebé de pocos días en brazos, las mujeres, algunas muy jóvenes, muchas inmigrantes, desgranan sus dudas. “Las clásicas son: ‘No tengo leche’, ‘¿Le alimentará lo suficiente?’ y ‘¿Se queda con hambre?”, resume Aguilar. Durante la charla, muy participativa, esta enfermera intenta reforzar la confianza de las madres.

    “El pilar fundamental es que la mujer desee lactar. Cuantas más armas le ofrezcamos para que informe a la familia y a la pareja, mejor”, afirma. Armas necesarias para vencer la presión de madres y suegras de las parturientas. “Pues yo te crié con biberón y mira qué bien estás”. O “¿Por qué pide tanto? Se ha quedado con hambre”, son dos clásicos que alimentan las inseguridades maternas.

    Una vez la madre consigue lo más difícil, instaurar la lactancia, las presiones, incluso de los propios pediatras, continúan con comentarios como “ya es muy grande para tomar el pecho” o “lo estás malcriando”. “A menudo, familiares y amigas de la madre saben muy poco de lactancia, o han tenido experiencias negativas y no la pueden ayudar. De hecho, puede oír todo tipo de comentarios destructivos de gente ignorante que no entiende el proceso de la lactancia”, afirma por correo electrónico Christiane Rudert, experta en nutrición de Unicef.

    Por suerte, el panorama, poco a poco, está cambiando. “Hace 20 años, era rarísimo que alguien diera el pecho más de seis meses”, asegura Carlos González, quien reivindica el amamantamiento, más allá de los beneficios para la salud, como “un derecho, una experiencia vital” muy importante para muchas mujeres. “Mejorará a medida que salgan nuevas generaciones de médicos con formación en lactancia materna, y se vean más mujeres dando el pecho. Es un círculo virtuoso”.




    Falsos mitos sobre la lactancia materna

    Los expertos consultados para este artículo responden:

    No tendré suficiente leche. Muy pocas mujeres no producen leche. Tener más depende de que el bebé mame muchas veces y de forma eficaz, vaciando el pecho. Para que el pecho adapte su producción a la necesidad del niño, hay que darle cada vez que pida, no “cada tres horas 10 minutos de cada pecho”.

    Se queda con hambre. Al dar el pecho, nunca sabemos cuánto toma el bebé. Por eso hay que darle según pida y dejar que llegue a la leche del final, más grasa. Hay épocas en que mama con más frecuencia (brotes de crecimiento), para aumentar la producción.

    El calostro no es bueno. La primera leche, muy concentrada, tiene muchas proteínas y defensas. Se produce poca porque el estómago del recién nacido es muy pequeño, como una canica.

    Dar de mamar duele. En situaciones normales, no duele. El dolor es síntoma de problemas, como las grietas, que son fruto de una mala postura al mamar, y desaparecen al corregirla.

    Mi bebé crece menos que los que toman biberón. Hasta hace poco, las curvas de crecimiento se basaban en niños alimentados con leche artificial, lo que podía llevar a recomendar una obesidad prematura. La OMS ha publicado nuevas tablas, con los niños amamantados como referencia de crecimiento saludable.

    Toma el pecho por vicio, lo malcriaré. La OMS recomienda amamantar como mínimo hasta los dos años. El pecho no solo es alimento, también consuelo, por eso los chupetes imitan al pezón.

    No puedo dar el pecho porque tomo medicamentos. Muy pocos tienen efectos sobre la leche materna. Consulte si es compatible aquí (hospital de Denia).

    REPORTAJE: Vida & Artes
    Aprendiendo a ser mamíferos de nuevo
    Pocas mujeres dan a sus bebés el pecho pese a las políticas públicas de fomento de la lactancia materna – Pesan la cultura del biberón y la falta de formación y apoyo de los profesionales

    CECILIA JAN 04/08/2010

    Si hubiera una vacuna que redujera el riesgo de meningitis bacteriana, diarrea, otitis, infecciones respiratorias, diabetes, linfoma, leucemia, obesidad, asma y síndrome de muerte súbita del lactante, ¿se la pondría a su hijo? ¿Y si además protegiera a la madre de la osteoporosis, el cáncer de mama y de ovarios y la ayudara a perder peso? Esa vacuna existe, pero pocos niños y mujeres se benefician de ella, y menos de la forma óptima recomendada por las organizaciones médicas. Es la leche materna.

    “Las ventajas son tantas que más bien hay que hablar de los inconvenientes de los sucedáneos de la lactancia materna. Es como con el tabaco: hay que proteger de la lactancia artificial, no demostrar las ventajas de la lactancia materna”, afirma Josefa Aguayo, del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Aunque la creencia popular es que las leches de fórmula son casi tan buenas como la materna, los expertos alertan de sus riesgos: “Hay más alergias, riesgo de desarrollar procesos infecciosos, obesidad…”, cita Aguayo.

    Según la OMS, la prolongación de la lactancia hasta los seis meses en exclusiva y hasta los dos años de forma complementaria salvaría cerca de 1,5 millones de vidas anualmente. Incluso en sociedades industrializadas, la leche artificial se asocia a mayor riesgo de enfermedad y muerte: “Un estudio muestra que se podrían salvar 9.000 vidas al año en EE UU mediante el amamantamiento exclusivo y prolongado” por la reducción del riesgo de muerte súbita, dice Christiane Rudert, de Unicef.

    El fomento de la lactancia es “una prioridad”, dice Concepción Colomer, directora del Observatorio de Salud de las Mujeres, del Ministerio de Sanidad. “Aquí no hay controversia, está demostrado que es lo más conveniente”. Por eso la estrategia de salud sexual y reproductiva que preparan Gobierno, comunidades autónomas y asociaciones científicas incluye un apartado sobre el tema. Uno de los puntos del texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS, es “aplicar el código de comercialización de sucedáneos de leche materna” para “proteger la lactancia materna de prácticas publicitarias engañosas que inducen al abandono de la misma”. El marketing de los fabricantes fue uno de los factores que hicieron que en el siglo XX la lactancia materna casi desapareciera en los países desarrollados. El código, aprobado en 1981 por la OMS, prohíbe anunciar leche artificial o dar muestras. Pero en España y en el resto de la UE sólo se aplica parcialmente.

    ¿Y si la madre no quiere dar el pecho o no lo consigue? “Lo importante es que la decisión sea informada. No hay que presionar a la mujer”, dice Aguayo. “Prefiero una madre que dé el biberón con cariño a una que amamanta con mala leche”, opina Gema Cárcamo, de la asociación Multilacta. Carlos González tiene otra visión: “La lactancia es una parte muy importante del ciclo de vida de la mujer. Por desgracia, la sociedad no comprende que, si no lo logra, es normal que le dé pena o rabia”.

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    Llora el niño. Y en vez de guiarnos por nuestro instinto de padre o madre, nos fiamos a ciencia ciega de lo que dice el “experto”… Si lo cogemos una y otra vez, le estamos malcriando. Si intentamos reconfortarle, nos estamos dejando manipular. Lo mejor es dejarle llorar y llorar. Que aprenda y se calle.
    Se despierta el niño. Se resiste a dormir en su oscura y solitaria habitación y busca el calor y la protección de la cama de sus padres… No hay que ceder, insiste el “experto”. Dormir con los padres tiene grandes riesgos. Sí, ya sabemos que se ha hecho durante siglos. Pero no es apropiado, está mal visto, no es sano.

    No quiere ir a la guardería el niño. Se pasa todo el rato llorando la ausencia de mamá. No juega, no canta, no ríe… Nada que no se cure con el tiempo (de nuevo el “experto”). La “ansiedad de la separación” remite al cabo de uno o dos meses, señora. Los niños son felices en la guardería, descuide. Aprenden mucho. Socializan.

    Están confabulados los “expertos”, eso parece. La consigna de la pediatría oficial ha sido alentar la separación de madres de hijos, y no vamos a recordar ahora cómo hace treinta años nos vendían la incuestionable superioridad de la leche de bote frente a la teta materna.

    “Somos los únicos mamíferos que les damos una patada a nuestros hijos para mandarles a otra habitación, que les damos una chupete para que se callen y que nos buscamos cuanto antes un trabajo o una ocupación para no sentirnos frustrados o frustradas”.

    Le tomamos la palabra a Mar Palmer, 32 años, madre de dos y un tercero en camino, allá en Mallorca. “A la mayor, Mariona, la metimos mucha caña y aún está pagando todos los errores que cometimos fiándonos de los “expertos””, recuerda. “Con el tiempo nos dimos cuenta de cómo todos esos consejos te impiden escuchar tus instintos maternales, te generan agresividad y acaban haciendo mucho daño a los niños”.

    Mar acabó dejando su trabajo en el ayuntamiento y volcándose con sus hijos: “Lo primero son ahora ellos, eso lo tengo claro. Tienes que pagar un precio, pero lo ganas por otro lado. Con Nil, el segundo, todo ha sido muchísimo más fácil. Le di de mamar hasta los tres años, durmió con nosotros, descubrí lo importante que es llevarlo en brazos… El niño confía en sus padres, y ahora es él el que se va despegando, y todo de una manera muy natural”.

    Sin premeditación, aunque con nocturnidad, Mar se fue abonando a eso que los americanos llaman “attachment parenting” y que no es ni más ni menos que el vínculo o el apego entre padres e hijos. Por instinto, Mar acabó haciendo piña con otros padres mallorquinos en “Neixer i Creixer” (“Nacer y Crecer”), una de las asociaciones pioneras en eso que también llamamos la “crianza natural”.

    “Al principio te entran dudas y tienes que hacer frente a mucha presión social, empezando por tus propios amigos”, confiesa Mar. “Pero ayuda mucho eso de estar en una red de gente que está en la misma onda que tú… Y ya somos unos cuantos”.

    En Madrid, decenas de padres buscan también otra manera de crecer con sus hijos en la Escuela de Familias Al Alba. Fabiola Aguado, directora y terapeuta infantil, rompe una lanza por el “vínculo”: “No se trata de una manera utópica y romántica de ser padres, sino de una forma sensata y sensible de afrontar la paternidad. Hay que estar presentes y disponibles para atender las necesidades de los hijos”.

    “Nuestra sociedad fomenta una falsa autonomía en los niños”, insiste Fabiola.“Si los padres no están, los niños van arrastrando unas carencias que se traducen más adelante en una dependencia profunda. Lo que los hijos necesitan en los primeros años es una base segura… Hay estudios que desmuestran que los niños criados con “vínculo” tienen más confianza en sí mismos y son a la larga más independientes”.

    La idea del “vínculo paternal” o “attachment parenting” se remonta a los años cincuenta, con los famosos estudios del psiquiatra John Bowlby. El apego entre padres e hijos es “una necesidad biológica” y algo común en todos los primates, sostiene Bowlby. En cada fase de crecimiento, los niños (las crías) buscan la proximidad, el contacto y la protección de una persona adulta. Durante siglos, ésa ha sido la clave de la supervivencia.

    Pero las sociedades modernas avanzan –es un decir- en sentido contrario. La separación traumática entre madres e hijos comienza ya en el parto hospitalario, por no hablar de la distancia con las que muchas mujeres viven sus propios embarazos, siempre a expensas de lo que certifique el “experto”.

    El mundo laboral, diseñado por los hombres y para los hombres, pasa como una apisonadora sobre muchísimas mujeres que no tienen elección: familia o trabajo. Nadie parece plantearse el impacto emocional que causa a madres y niños la separación al cabo de cuatro meses, ni cómo esa ruptura forzosa afecta a la salud y a la vida emocional del pequeño, que se pasa la mayor parte del día en brazos ajenos, enganchado al falso consuelo del chupete y del biberón.

    Las barreras en las familias se van haciendo cada vez más altas, y pronto vendrá la maratón de actividades extraescolares. El caso es estirar las jornadas de los niños tanto como las nuestras, cubrir lo más posible las ausencias y reducir los “lazos” entre padres e hijos a un beso de buenas noches. A veces ni eso.

    La antropóloga Margaret Mead realizó hace cuatro décadas un estudio entre varias tribus del mundo y demostró que las más violentas eran las que privaban a los niños del contacto físico con los padres a edad temprana.

    La doctora Marcelle Geber tuvo la osadía de comparar la “tribu” europea y sus “civilizadas” costumbres (bebés al biberón, en habitaciones separadas, empujados en carritos) con 308 niños criados a la vieja usanza en Uganda (amamantados a demanda, compartiendo cama, a lomos de sus madres). Su conclusión: los niños africanos aventajaban a los blancos en capacidad motriz y en capacidad intelectual durante el primer año.

    Y así llegamos hasta el doctor William Sears, padrino del “attachment parenting”, más de una década rebelándose contra la pediatría oficial y promoviendo una relación más cercana y armoniosa entre padres e hijos. Sus consejos han servido de acicate para miles de padres de todo el mundo, reunidos en Attachment Parenting International, que cuenta ya con grupos en países europeos como Gran Bretaña, Holanda y Alemania.
    Según William Sears, los cimientos del “vínculo” se crean en el alumbramiento, en ese “período sensitivo” tan común al de todos los mamíferos y tan ajeno a los asépticos protocolos hospitalarios. La lactancia, advierte, es una fuente de alimento no sólo material sino también emocional para un niño en los primeros meses de vida.

    Sears aconseja cargar con todo lo posible con los niños, en brazos o colgados, pero manteniendo la proximidad física y el contacto. El pediatra del “apego” defiende a capa y espada las virtudes de la cama familiar o colecho y resume sus siete “mandamientos” en dos: cree en el llanto de tu hijo y ¡cuidado con los “expertos”!

    Como respuesta a tantos y tantos libros “crueles y despiadados”, el pediatra Carlos González decidió precisamente escribir “Bésame mucho”. “Creo, sinceramente, que los padres lo harían mucho mejor si no hubieran existido todos esos manuales que incitan a desconfiar de los ñiños y a tratarles con total desprecio”.

    “No quiero entrar en lo que es bueno o malo para el niño a largo plazo, si va a ser más o menos inteligente porque duerma contigo o los lleves en brazos”, afirma Carlos. “Lo que los niños necesitan, hoy y ahora, es afecto y proximidad. Y lo que han aconsejado por desgracia los “expertos” durante muchos años es justo lo contrario, hasta el punto de prohibir casi el contacto entre madres e hijos”.

    El autor de “Bésame mucho” nos recuerda los experimentos con gorilas que se “olvidan” de cómo ser madres cuando las meten en la jaula. A los hombres y a las mujeres, sostiene, nos pasa algo similar: vivimos en estado de cautividad, confinados en ambientes artificiales, atrapados por normas culturales y alejados de nuestros instintos y nuestros imperativos biológicos.

    Se nos ha olvidado ser padres.

    González pone sobre el tapete un estudio comparativo sobre la crianza de los niños en varias culturas, publicado hace cuatro años en la revista “Pediatrics”… En 25 de 29 sociedades, los niños dormían con la madre o con los dos padres. En 30 de 30, los niños eran trasportados en brazos o a la espalda. En todas ellas se les amamantaba a demanda y la edad media del destete estaba entre los dos y los tres años.

    El pediatra rompe también con el mito de que los hombres se han lavado las tradicionalmente las manos, y se remite a “La Historia Natural de la Paternidad” de Susan Allport: “El alejamiento del padre es fruto de la revolución industrial. Los padres han trabajado toda la vida en casa o han velado por la protección de sus hijos. Su papel puede cambiar, como lo está haciendo ahora, pero hay que acabar con ese mito”.

    Años de experiencia como padre y de consulta como pediatra le han permitido también a Carlos González conocer muy de cerca el dilema de tantas familias de hoy en día… “Eso del tiempo de calidad es un cuento. Con los niños hay que estar, simplemente estar, y no obsesionarse con cronometrar los minutos que se pasa con ellos y aprovecharlos al máximo para hacer algo importante”.

    Para María Jesús Ruiz, 40 años, lo más impagable de estos tres últimos con su hijo Víctor han sido “los largos paseos sin rumbo” en el pueblo en donde viven, Guadarrama. Y también, las siestas compartidas, o poder llevar a su hijo a la compra, a tomar el aperitivo, a un concierto entre semana y a todas esas cosas que no podría haber hecho si trabajara a tiempo completo…

    “Intenté llevarle a la guardería con dos años y medio, pero lo pasaba mal y un día me dijo: “Mamá, vámonos a casa”… Para mí fue una señal. Hemos pasado mucho tiempo juntos desde entonces, y eso es impagable. Siempre ha estado muy apegado a mí, pero ahora se está uniendo más a su padre… Yo lo que quiero es que mi hijo sea feliz. Como dice su abuelo: “¡Ya tendrá tiempo de aburrirse en el colegio!”.

    María Jesús ha vuelto a trabajar a horas perdidas, como profesora de español, pero no envidia en absoluto a sus amigas… “Al hijo de una de ellas le escuché decir el otro día que quiere marcharse a vivir al colegio, con cuatro años… Me pareció muy triste. Soy consciente de que estar tan cerca de tus hijos es navegar contra la corriente, pero yo estoy convencida de una cosa: cuidar de tus hijos es cuidar de la sociedad del futuro”.

    LOS DIEZ IDEALES DE LA PATERNIDAD CON “VINCULO”

    No hay ningún mandamiento escrito, pero sí existen maneras de fomentar el apego, el vínculo o la cercanía entre padres e hijos…

    Conecta física y mentalmente con tu hijo/hija durante el embarazo. Vive conscientemente la gestación. Procura que el nacimiento sea lo más “íntimo” y natural posible, y prolonga al máximo el contacto físico después del parto.

    Extiende la lactancia todo lo que necesite el niño/la niña y no te dejes llevar por las presiones sociales (el destete se produce entre los dos y tres años en la mayoría de las culturas tradicionales). Dale el pecho a demanda. Aprovecha esos momentos para estrechar los lazos.

    Responde a los llantos de tu hijo y no le dejes llorar “hasta que se calle”. Aprende a interpretar sus señales. Sé totalmente receptivo a sus demandas, especialmente durante los primeros meses.

    Confía en tus instintos de madre/padre. Cuestiona las opiniones de los “expertos”. En la duda, déjate guiar por el sentido común.

    Lleva frecuentemente a tu hijo en brazos; el contacto físico estimula el desarrollo emocional, psicomotriz e intelectual del niño/niña.

    Duerme con tus hijos durante los primeros meses (recuerda que durante cientos de años se hizo así, antes de que los “expertos” levantaran las barreras). Si no, comparte el dormitorio con ellos y procura no llevarles a habitaciones separadas hasta que ellos mismos lo reclamen.

    Evita separaciones largas y traumáticas hasta los tres años. No te consueles pensando que le dedicas a tu hijo el suficiente “tiempo de calidad”. El tiempo compartido se mide siempre en horas, minutos y segundos…

    Involúcrate al máximo en su educación. Procura que existan vasos comunicantes entre lo que aprende dentro y fuera de casa. Su “escuela” es la vida misma.

    Usa la “disciplina” positiva: predica con el ejemplo y recuerda que las mejores lecciones se aprenden con afecto.

    Respeta la individualidad de tus hijos. Ponte siempre que puedas en su piel y permite que encuentre su camino poco a poco: el “vínculo” les permitirá avanzar con mayor seguridad y ser a la larga más independientes.

    de Criar y amar

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