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Hola a todos, queria invitarlos a las actividades que tendran lugar en Zamora la semana del 15 al 22 de Mayo de 2011

Felicidades a todas las mamás, por traer al mundo un bebé, a las que desean serlo o lo desearon, a todas las mujeres que se sienten madres; gracias a todos los bebés por permitirnos ser mamás y descubrir el maravilloso camino de la maternidad. Disfrutad de vuestro dia en compañía de vuestra familia, un abrazo a todas.

(via SINA: Asociacion de apoyo a la lactancia materna y crianza consciente en Valencia)

Julia Ward Howe y el inicio del Día de la Madre

En 1870, la poeta y activista Julia Ward Howe escribió La proclama del Día de las Madres, un apasionado llamado a la paz y al desarme, que dice: ¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su b … Read More

via SINA: Asociacion de apoyo a la lactancia materna y crianza consciente en Valencia

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Estimad@s Soci@s:

Por estos días se cumple un año desde el nacimiento de “Creciendo Juntos”. Estamos muy felices y orgullos@s por todo lo que hemos logrado en este año de vida: charlas, encuentros, talleres, participación en la semana mundial de la lactancia materna y una gran cantidad de actividades que han ido consolidando nuestro trabajo y difundiendo los objetivos que nos proponemos como asociación.

Para celebrar este primer aniversario hemos organizando la charla “Mamar, criar y amar” a cargo del reconocido pediatra Carlos González, fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), miembro del Consejo de Asesores de Salud de La Leche League Internacional, Asesor de la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN) y especialista en lactancia materna, por la Universidad de Londres. Probablemente much@s de nosotros lo conoceremos por sus libros “Un regalo para toda la vida”, “Bésame mucho”, y “Mi niño no me come”, entre otros, los cuales resultan realmente enriquecedores para todos quienes nos esforzamos por una crianza con amor.

Así, es un honor tenerlo como invitado a Zamora y nos parece que esta es una gran oportunidad para que muchas personas puedan conocer sobre la crianza respetuosa y la importancia del apego y el vínculo inicial.

Dicho evento se realizará el día Sabado 21 de mayo a las 18:00 hrs. en el Salón de Actos de los Sindicatos (Plaza Alemania, N°1, Zamora). Les adjuntamos un cartel con los datos de la charla y esperamos que tod@s nos puedan acompañar ese día. Asimismo, l@s invitamos a difundir esta información entre sus contactos para que seamos muchos los que disfrutemos de esta actividad.

Un saludo
Creciendo Juntos
Tel. 619 016 497
Dir. Balborraz 41
Mail: creciendojuntos@gmx.es
Web: https://creciendojuntoszamora.wordpress.com/
ZAMORA

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Uno de los últimos post que publicamos, Cinco Razones para Dejar de Decir “¡Muy Bien!” genera una sensación de desasociego. Por eso, creo que es importante leer más al respecto, y ver distintas posturas. En este artículo, extraído de Respetar para Educar , hablan de las etiquetas, creo que esta muy relacionado al mensaje del anterior artículo. Una de las cosas más difíciles de la crianza, es ser capaces de salirnos de nosotros mismos, lo que significa olvidar cómo hemos sido criados, olvidar cosas cotidianas, olvidarnos de las cosas que tenemos como normalizadas. Y una de éstas es la forma de hablarle a nuestros niños; a veces hablamos de ellos como si no estuvieran presentes, decimos lo buenos o malos que son, y globalizar es muy delicado. Simplemente nos invitamos a reflexionar al respecto, porque no hacemos ninguna de estas cosas con mala intención, desde luego que no, pero a veces un simple cambio en las palabras que escogemos, puede suponer un gran cambio en la vida de nuestros hijos. A mi me pasa muy amenudo, e intento mejorar cada dia, y leer artículos que me brindan herramientas me ayuda mucho.

CUIDADO CON LAS ETIQUETAS

¿Cuál es la parte positiva de etiquetar las cosas? Si en un bote de tomate pone “tomate” podemos saber qué hay dentro sin necesidad de abrirlo. Lo mismo sucede con las personas. Al etiquetar a una persona creemos saber qué hay dentro sin necesidad de mirar. Pepito es un niño alegre. Pepito es muy cariñoso. Pepito es…. ¿Qué pasa con Pepito si es un niño y un día no se siente alegre? Pueden pasar dos cosas: puede pasar que, Pepito, el niño alegre, sea incapaz de expresar su tristeza porque siempre ha sido un niño alegre. También puede pasar que Pepito no sepa qué le pasa, sienta una completa disonancia entre lo que cree ser y cómo se siente y eso le lleve a un estado de furia, culpa y sentimientos contradictorios.
Si estas etiquetas son negativas, puede ser aún peor. El niño “agresivo” no tiene oportunidad de redimirse de su agresividad. Cualquier conducta que el niño muestra, normal o no, será catalogada así y él mismo hará esa valoración sobre sí. Ponerle esta etiqueta perpetúa la agresividad más allá del momento en el que ésta fue necesaria como forma de liberación emocional.
Pero aún peores son las etiquetas en términos absolutistas del tipo: “BUENO O MALO”. Los niños, las personas en general, no son buenas ni malas. Son personas. Tienen sentimientos más agradables y sentimientos más difíciles de elaborar. Son generosas o simplemente no les gusta compartir sus cosas. Aceptar que todos somos diferentes y que no hay nada de “malo” (o de bueno) en ser de una determinada manera es vital para ser libres y educar en la libertad al ser que está en pleno desarrollo.
Como los sentimientos son transitorios, podemos expresarlos como estados. Por ejemplo, podemos decir: qué enfadado estás!! , en lugar de decir: qué mal carácter!! Podemos decir: hoy te sientes generoso, en lugar de decir: eres un niño muy bueno. Podemos decir: hoy no te apetece compartir tus juguetes con nadie, en lugar de decir: qué egoísta eres, no sabes compartir!!
Y como no es lo mismo Ser que Estar y creo que todo el mundo entiende la diferencia, no me extenderé explicándola. Sólo diré que, como seres humanos, pasamos por muchos estados a lo largo del día, pero aún más a lo largo de la vida. Si vemos un bote que pone claramente “tomate” en una etiqueta, no nos molestaremos en abrirlo, probarlo, sentirlo para averiguar lo que es. Lo mismo sucede con las personas, las etiquetas promueven los prejuicios y, cuando hablamos de niños, obligan a comportarse de acuerdo a lo que se espera, a las expectativas que las personas importantes de su vida tienen sobre ellos.

Eliminar etiquetas, evitar decir al niño lo que es, significa, en definitiva, darle la oportunidad de ser quien es, de pulir los aspectos más negativos y dejar salir los positivos, implica la verdad del cambio como parte de la vida y la libertad como parte de su existencia.

“Desde hace muchos años estamos en una grave contradicción: por un lado se dedican muchos recursos a investigar el funcionamiento y la evolución del cerebro humano y de sus funciones, y también a investigar el desarrollo de la personalidad y de la salud mental.

Gracias a estas investigaciones hemos aprendido mucho sobre lo que el recién nacido y el niño necesitan para una evolución saludable. Hoy en día conocemos bien EL VALOR INSUSTITUIBLE DE LA RELACIÓN DE APEGO DEL BEBÉ Y SUS PADRES y de las interacciones de calidad que se generan en ella. Sin embargo, a menudo hacemos caso omiso a estos conocimientos y ponemos en riesgo la salud física y mental de nuestros bebés, los ciudadanos del futuro.

Este libro trata fundamentalmente de esta contradicción y sugiere la necesidad de AYUDAS LABORALES Y ECONÓMICAS A LOS PADRES para que puedan realmente conciliar su vida familiar y su vida laboral y criar saludablemente a su bebé

Eulàlia Torras de Beà es médico, psiquiatra y psicoanalista. Hace 40 años puso en marcha la Fundación que hoy en día lleva su nombre, dedicada a la atención psicológica y psiquiátrica de niños, adolescentes y familia. Ha publicado numerosos trabajos en revistas especializadas y varios libros como “Grupos de hijos y de padres” y “Dislexia en el desarrollo psíquico”.

A pesar de este curriculum, era una profesional totalmente desconocida para el gran público hasta que una entrevista suya en La Contra de La Vanguardia el 23-11-2009, titulada “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé” la colocó en el punto de mira de las familias, médicos, psicólogos y profesionales de educación infantil por atreverse a decir en alto conclusiones que muchos expertos comparten, pero que cuestionan el modelo social y de mercado actual.

Recientemente ha publicado el libro “La mejor guardería, tu casa. Criar saludablemente a un bebé” en el que trata de devolverles a los padres la confianza en sus capacidades para cuidar a sus hijos tratando de que NO DIMITAN DE SUS FUNCIONES y se conviertan en “cuidadores de segunda”. En esta obra también explica las necesidades afectivas de los bebés, las consecuencias del EXCESO de horas alejados de sus padres y los problemas crecientes al adelantar la edad de entrada a la guardería, habiendo pasado en menos de una década de empezar a los 3 años, o más tarde, a que miles de bebés vivan desde los 4 meses fuera de su casa.

Y con estos hábitos de crianza externalizada-cultura del desapego, la Dra Torras de Beà advierte que España es ya el tercer país donde más psicofármacos se recetan a menores tras EEUU y Canadá.

En este post incluimos:

  1. su intervención en la televisión catalana, Singulars, hablando de este tema
  2. un texto de su libro tomado de la revista El mundo de tu bebé nº 214
  3. 2 documentales sobre autores o estudios que cita Eulàlia Torres de Beà, ambos del programa Redes de Punset: “Aprendiendo a ser padres” con Jay Belsky y “El cerebro de tu bebé”

1. ENTREVISTA EN SINGULARS

http://www.tv3.cat/ria/players/3ac/evp/Main.swf

El programa Singulars entrevistó a esta autora el 22-3-2010 . Está en catalán pero se puede entender con cierta facilidad. Hacemos un RESUMEN:

La Dra Torras de Beà no se considera políticamente incorrecta, sino “profesionalmente correcta”

Afirma que tras su entrevista en La Vanguardia, ella recibió numerosos apoyos de familias, médicos y también de profesionales de guarderia

Ella no demoniza, pero tampoco mitifica a las guarderias. Y considera que aun siendo el personal muy profesional, capacitado y amoroso, no pueden cuidar a los bebés como sus progenitores con un ratio de 1 cuidador /6 bebés. Lo que más critica es el EXCESO de horas, totalmente desproporcionado con la edad de los bebés, y lo que esto implica de desvinculación de sus padres.

“La guardería no puede ser la institución de la crianza donde los bebés pasen todo el tiempo de vigilia”

Se queja de que la sociedad ha desvalorizado a los padres y éstos están perdiendo la intuición, el instinto y la capacidad de captar las emociones de sus propios hijos.

Explica que existe la DEPRESIÓN EN LOS BEBÉS, y cómo pierden el interes por las cosas y son más propensos a coger enfermedades porque se debilita su sistema inmunológico. Cita al doctor RENE SPITZ

Matiza que esto no es su opinión sino que está avalado por numerosas investigaciones que demuestran que el “desarrollo neuronal se ve afectado negativamente con el empobrecimiento de las relaciones con los nenes“. Comparte testimonios de cuidadoras de guarderia sobre lo que sufren los bebés, y ellas mismas en consecuencia, cuando aun faltan demasiadas horas para estar con sus padres

Afirma que esta ruptura de comunicación-empatizar con los hijos desde bebés por falta de tiempo juntos, se notará en la adolescencia

Explica, a petición del presentador, cómo crió ella a sus 3 hijos (el primero mientras estudiaba en la universidad y con excedencia de un año para los siguientes) y cómo aumentó su trabajo externo a medida que sus hijos iban más tiempo a la escuela.

Demanda ayudas públicas para que los padres puedan cuidar a sus hijos al menos 2 años y medidas de conciliación laboral reales y es una de las promotoras del Manisfiesto “Más tiempo con los hijos

El presentador le acusa de culpabilizar a los padres mileuristas que necesitan la guardería para trabajar ambos fuera de casa y de ser ANTI-PROGRESISTA por criticar una de “las mayores conquistas sociales”  que figura crecientemente en los programas electorales. Eulàlia Torres de Beà responde que para ella eso no es progresismo y que “aunque cambie la sociedad y la tecnología, las necesidades, angustias, … de los bebés son las mismas y no han cambiado”. Y recuerda que España es el tercer país mundial en consumo infantil de psicofármacos.

Ella recomienda a los padres que se informen de estos temas y que INVIERTAN en criar a sus hijos de pequeños.

2. TEXTO DEL LIBRO “LA MEJOR GUARDERÍA, TU CASA”

tomado de la revista “El mundo de tu bebé” nº 214

EN BUSCA DE LA VERDADERA CONCILIACIÓN

Si un niño vive sus primeros dos años en su hogar, la guardería y la escuela serán lugares atractivos. Aparte de recibir ayudas, los padres necesitan volver a creer que su papel es fundamental.

Algunos cambios sociales, sobre todo la progresiva incorporación de la mujer al trabajo sin las ayudas sociales necesarias para que las necesidades tanto de ella como de sus hijos estuvieran atendidas, trajeron la tendencia cada vez mayor a criar a los hijos fuera de casa.

Dentro de la década de los setenta se produjeron movimientos políticos que, con toda justicia, reclamaban mejoras en los derechos laborales, familiares y académicos de la mujer. Pero sucedió que en esos movimientos se mezclaron iniciativas de distintos órdenes y, entre ellas, la presión hacia la generalización de la guardería, que, desde una fuerte carga de idealización, se calificó como “mejor” sistema de crianza. Como si la guardería fuese lo que necesitaban los bebés.

Esto fue llevando a una progresiva pérdida de la posición de los padres en relación a la crianza. Hace años ellos conocían bien la importancia de sus funciones de crianza y de educación en relación a los hijos, pero parece que, más tarde, generaciones posteriores de padres han ido creyendo, equivocadamente, que sus hijos necesitan técnicos y que su papel es secundario.

Hoy en día muchos padres han dimitido completamente de su rol, han creído la propaganda que dice que hay otras personas que pueden realizar su papel mejor que ellos, se han autodesvalorizado y se han colocado en el lugar de cuidadores de segunda clase. En lugar de valorar su intuición y su instinto, dejan pasar delante “la técnica”, es decir, los estudios de los profesionales de las instituciones.

Juntos el mayor tiempo posible

Si el bebé permanece muchas horas en la guardería, le quedarán pocas para conservar suficiente contacto y conocimiento mutuo con los padres. Como consecuencia de este escaso contacto, los padres a menudo conocen poco a sus hijos.

Los grandes acontecimientos, como iniciar la marcha, los primeros bisílabos y palabras, sacar pañales y enseñar el control de esfínteres, suceden en la guardería, por lo que la madre, y por supuesto el padre, no suelen conocer bien los datos de evolución psicomotora, lo que nos muestra que no tienen a su hijo bien perfilado en su cabeza. Así, cuando en la consulta del pediatra o del psicólogo se les preguntan los datos de evolución, a menudo deben consultar a la guardería.

La relación con los padres se diluye y, como dice Rygaard (2008), el sistema de apego se desactiva. Como consecuencia, no es excepcional que las madres se sientan inseguras en relación a lo que deben hacer con sus hijos; no es infrecuente que eso también lo consulten en la guardería.

La madre corre el riesgo de perder sensibilidad y empatía hacia las necesidades del niño, y confianza en su habilidad para interpretar las señales del bebé y en su capacidad de tomar decisiones en relación a su cuidado.

Esta dimisión de los padres de su función, esta aceptación de que la suya es una posición secundaria, es grave. Para los hijos es importante tener padres que conozcan su función, que les conozcan bien, que sepan lo que los hijos necesitan, que se atrevan a tomar decisiones, en lugar de padres desvalorizados, secundarios, que creen que deben consultar en la guardería todo lo concerniente a sus hijos.

¿Cómo podrían los padres autodesvalorizados, inseguros, que dimiten de su rol, tener una autoridad estructurante y necesaria hacia sus hijos? ¿Cómo podrían ejercer esa autoridad estructurante que los hijos necesitan -y que en el fondo agradecen-, que permite poner los límites correctos que empujan la evolución, la maduración, para que los ayude a encaminar sus pasos en tantos aspectos de su vida? Esa autoridad real, que no hay que confundir con autoritarismo, marca los verdaderos “límites” de los que tanto se habla y que tantas veces se confunden.

Dos años para dedicarnos a su cuidado

No hay duda de que el camino en que nos deberíamos empeñar todos es el de reclamar ayudas de los poderes públicos para poder organizar una conciliación real y poder cuidar nosotros mismos de nuestros hijos.

Con este escrito trato de ofrecer algo de mi experiencia para contribuir a lograr una conciliación real en el cuidado de los hijos. Pero, aun siendo muy importante el logro de esta conciliación, todavía lo es más que los padres recuperen claramente el conocimiento de su importancia en este cuidado. Que recuerden la importancia central de su función en la crianza de sus hijos,que  no les quede duda de que ellos tienen el papel principal. Este es uno de los cambios culturales que tenemos pendientes.

Este texto está dedicado a aquellos padres que se están planteando cómo y dónde criar a sus hijos, a aquellos otros que en el futuro deberán tomar también esta decisión y, por qué no, a aquellos que han iniciado su camino de crianza en la guardería, pero que deseen reflexionar acerca de la forma en que la están utilizando, el número de horas que sus hijos asisten a ella y la edad a la que han empezado.

También es esencial pensar en cómo se organizan los padres para cultivar y disfrutar de la relación con su hijo durante las horas de que disponen para compartir con él y tantos otros detalles vinculados a la relación con el hijo.

Más aún, creo que tener claros los elementos esenciales de la crianza puede ayudar también a reflexionar a los padres que están criando a sushijos en casa. No podemos creer que, por muy abundantes que sean los padres intuitivos implicados que comparten actividades con sus hijos de forma sensible y válida, todos los padres tengan estas capacidades.

Es posible que haya niños que estén en casa, pero mirando cómo se mueve la ropa tendida o, desde pequeños, delante del televisor durante horas, o cuando son algo más mayores dedicados solamente a la Play o a los juegos de Internet. Evidentemente, esta no es la crianza deseable para ellos.

En cuanto a la edad de comenzar a asistir a la guardería, mi experiencia me lleva a pensar que una edad adecuada es aproximadamente los dos años y medio o los tres, cuando el niño comprende ya el lenguaje y es capaz de explicarse y de dar a entender a la maestra y a la madre lo que le sucede.

Esta edad coincide con otro parámetro, la casa ya se le está quedando pequeña; ahora disfruta de actividades fuera de casa, busca relación con niños y está preparado para integrarse en juegos de su nivel. Ahora sí que es el momento de ayudarlo a socializarse. De esta forma, la escuela será para él un lugar atractivo, en lugar de que corra el riesgo, según cómo se hagan las cosas, de que la escuela le resulte una pesadilla para siempre.

Sin embargo, hay niños que, por necesidades familiares o por la razón que sea, a los dos años asisten ya tres horas diarias a la guardería. Si hacemos caso de Belsky (y de otros investigadores), que dice que todo lo que sea más de diez horas semanales al final del primer año es preocupante, podemos pensar que tres horas por día a los dos años es un régimen tranquilizador que permitirá al niño comenzar sus primeras experiencias de forma segura.

Atender las propias necesidades

En alguna ocasión, conversando sobre la crianza y mencionando la importancia de la relación entre el bebé y la madre, me han preguntado si creo que la madre debería estar con su bebé siempre. Por supuesto que, por mi parte, no recomendaría intentar algo parecido. La madre puede atender sensible y cuidadosamente las necesidades de su bebé, pero ella también tiene sus propias necesidades.

En los primeros meses del bebé, cuando madre e hijo “se están conociendo”, la lactancia se está regularizando y la madre está descubriendo las características de su hijo, sobre todo si el que acaba de tener es el primero y, por lo tanto, pesa la lógica inexperiencia, ella está atrapada por la enorme dependencia del bebé, que le ocupa completamente su mente, además de gran parte de su tiempo.

Puede sentirse agobiada por la situación. Por supuesto, no ocurre lo mismo si se trata de un segundo o tercer hijo, ya que la experiencia anterior ayuda a tomar todas las situaciones en relación al bebé con una calma diferente.

De todos modos, la madre puede sentirse a ratos demasiado atrapada, algo sobrecargada y añorada de áreas de su vida que en este momento no puede disfrutar como antaño: salidas con amigos, su trabajo, etc. Por supuesto, allí puede estar un padre sensible que la ayude a llevarlo mejor,

La madre, poco a poco, encontrará la normalidad, pero la crianza no puede ser cosa de una persona sola. Es mejor que la realice un grupo reducido de personas, que pueden ser los padres y alguien más, que conozcan bien al bebé, lo quieran y estén muy bien coordinadas a la hora de atenderlo.

3. DOCUMENTALES RELACIONADOS

VÍDEO SOBRE JAY BELSKY, Aprendiendo a ser padres, en el programa Redes de Punset (info)

http://www.dailymotion.com/swf/video/xbhmug?theme=none
Jay Belsky: Aprendiendo a ser padres por raulespert

VÍDEO SOBRE EL CEREBRO DEL BEBÉ en el programa Redes de Punset (info)

http://tu.tv/tutvweb.swf?kpt=aHR0cDovL3d3dy50dS50di92aWRlb3Njb2RpL3IvZS9yZWRlcy00NDctZWwtY2VyZWJyby1kZWwtYmViZS5mbHY=&xtp=135395

Sitio oficial: Fundación Eulàlia Torras de Beà y Manifiesto “Más tiempo con los hijos

Venta online del libro “La mejor guardería, tu casa
Otros libros de esta autora

En El Blog Alternativo: Entrevista en La Contra a Eulàlia Torras de Beà: “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé
En El Blog Alternativo: Artículo sobre el manifiesto “Más tiempo con los hijos”
En El Blog Alternativo: La familia contra el Club Bildelberg y La familia: liquidación por defunción

En El Blog Alternativo: Artículos sobre conciliación familiar-laboral y guarderías

Más artículos sobre la escolarización temprana:

NOTA FINAL:

Recordamos que el discurso de esta autora no es machista, ni retrógrado, ni utópico sino que es la política de los países nórdicos donde existen bajas remuneradas de maternidad-paternidad muy largas y la tasa de trabajo femenino es mayor y en puestos de más responsabilidad-status.

  • España: baja de maternidad de 16 SEMANAS y 52,8% de trabajo femenino
  • Suecia: baja de maternidad de 16 MESES y 70,2% de trabajo femenino

Los países más avanzados son los que protegen verdaderamente el vínculo madre-hijo, la infancia y la crianza con apego.

traducido por Monica Salazar de familia libre

Por Alfie Kohn

NOTA: Una versión abreviada de este artículo fue publicada en la revista Parents en mayo de 2000 con el título “Hooked on Praise” (“Enganchados a los Elogios”). Para una visión más detallada de los temas discutidos aquí, por favor refiérase a los libros Punished by Rewards y Unconditional Parenting.

Salga a un sitio de juegos, visite una escuela o aparézcase en la fiesta de cumpleaños de un niño, y hay una frase que de seguro va a escuchar: “¡Muy bien!”. Incluso los bebés pequeños son elogiados por juntar sus manos (“Bonito aplauso!). A algunos de nosotros se nos escapan estos juicios sobre nuestros niños al punto de que casi se convierte en un tic verbal.

Muchos libros y artículos advierten en contra de recurrir al castigo, desde pegar hasta el aislamiento forzado (“tiempo fuera”). Ocasionalmente alguien incluso nos pedirá que reconsideremos la práctica de sobornar a los niños con stickers o comida. Pero usted tendrá que buscar arduamente para encontrar una palabra que desaliente lo que es eufemísticamente llamado refuerzo positivo.

Para que no haya ningún malentendido, el punto aquí no es cuestionar la importancia de apoyar e incentivar a los niños, la necesidad de amarlos y abrazarlos y ayudarlos a sentirse bien con ellos mismos. Los elogios, sin embargo, son una historia completamente diferente. Aquí explico por qué.

1. Manipulando a los niños. Suponga que usted ofrece una recompensa verbal para reforzar el comportamiento de un niño de dos años que come sin regar, o de un niño de cinco años que limpia sus materiales de arte. ¿Quién se beneficia de esto? ¿Es posible que el decir a los niños que han hecho un buen trabajo tenga menos que ver con sus necesidades emocionales que con nuestra propia conveniencia?

Rheta DeVries, profesora de educación en la Universidad del Norte de Iowa, se refiere a esto como “control con cubierta de azúcar”. Muy parecido a las recompensas tangibles – o, para el propósito, castigos – es una forma de hacer algo a los niños para conseguir que ellos cumplan con nuestros deseos. Puede ser efectivo en producir estos resultados (al menos por un tiempo), pero es muy diferente a trabajar con los niños – por ejemplo, entablar una conversación con ellos a cerca de qué es lo que hace a una clase (o a una familia) funcionar sin problemas, o cómo otras personas son afectadas por lo que hemos hecho – o dejado de hacer. Este último enfoque no solo que es más respetuoso si no que no es efectivo para ayudar a los niños a convertirse en personas reflexivas.

La razón por la cual los elogios pueden funcionar a corto plazo es que los niños pequeños están hambrientos de aprobación. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de no aprovecharnos de esta dependencia para nuestra propia conveniencia. Un “¡Muy bien!” para reforzar algo que hace nuestras vidas un poco más fáciles puede ser un ejemplo de tomar ventaja de la dependencia de los niños. Los niños también pueden empezar a sentirse manipulados por esto, incluso si ellos no pueden explicar a ciencia cierta por qué.

2. Creando adictos a los elogios. De seguro, no todo uso de elogios es una táctica calculada para controlar el comportamiento de los niños. Algunas veces felicitamos a los niños solamente porque estamos genuinamente complacidos por lo que han hecho. Sin embargo, incluso en esos casos, vale la pena poner más atención. En lugar de aumentar la auto estima de un niño, los elogiados pueden incrementar su dependencia hacia nosotros. Mientras más decimos “Me gusta la forma en que tú….” o “Muy bien hecho…”, incrementa la dependencia de los niños hacia nuestras evaluaciones, nuestras decisiones acerca de lo que está bien y mal, en lugar de aprender de sus propios juicios. Esto los lleva a medir su valor en términos de lo que a nosotros nos hará sonreír y darles un poco más de aprobación.

Mary Budd Rowe, una investigadora de la Universidad de Florida, descubrió que los estudiantes que eran elogiados profusamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas, más proclives a responder en un tono de voz de pregunta (“mm, ¿siete?”). Tendían a retractarse de una idea propuesta por ellos tan pronto como un adulto mostraba su desacuerdo. Además, tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes.

En resumen, “Buen trabajo!” no les da seguridad a los niños; en última instancia, los hace sentirse menos seguros. Este tipo de frases puede incluso crear un círculo vicioso en el que mientras más recurrimos a los elogios, más parecen los niños necesitarla, por lo que los elogiamos aún un poco más. Penosamente, algunos de estos niños se convertirán en adultos que continúan necesitando a alguien que les dé una palmada en la espalda y les diga si lo que hicieron estuvo bien. De seguro, esto no es lo que queremos para nuestros hijos e hijas.

3. Robando el placer de un niño. Aparte del problema de dependencia, un niño merece disfrutar de sus logros, sentirse orgulloso de lo que ha aprendido a hacer. También merece decidir cuándo sentirse de tal o cual forma. Pero, cada vez que decimos, “¡Muy bien!”, le estamos diciendo al niño cómo sentirse.

De seguro, hay momentos en los que nuestras evaluaciones son apropiadas y nuestra guía es necesaria – especialmente con niños que ya caminan y de edad pre-escolar. Pero una corriente constante de juicios de valor no es ni necesaria ni útil para el desarrollo de los niños. Desafortunadamente, seguramente no nos hemos dado cuenta de que “¡Muy bien!” es una evaluación tanto como lo es “¡Mal hecho!” La característica más notable de un juicio positivo no es que este sea positivo, si no que es un juicio. Y a la gente, incluyendo a los niños, no les gusta ser juzgados.

Yo disfruto y guardo las ocasiones en las que mi hija logra hacer algo por primera vez, o hace algo mejor de lo que lo había hecho hasta ahora. Pero trato de resistir al reflejo de decir “¡Muy bien!” porque no quiero diluir su alegría. Quiero que ella comparta su placer con migo, no que me mire buscando un veredicto. Quiero que ella exclame, “¡Lo hice!” (lo que ocurre regularmente) en lugar de preguntarme con incertidumbre, “¿Estuvo bien?”

4. Perdiendo el interés. “¡Muy bonita pintura!” puede hacer que los niños sigan pintando por el tiempo que nos mantengamos mirando y elogiándolos. Pero, advierte Lilian Katz, una de las principales autoridades nacionales de educación en la temprana infancia, “una vez que se quita la atención, muchos niños no volverán a esa actividad nuevamente.” Efectivamente, una cantidad impresionante de investigaciones científicas han mostrado que mientras más recompensamos a la gente por hacer algo, más tiende a perder el interés por cualquier cosa que deban hacer para obtener recompensas. Ahora el punto no es dibujar, leer, pensar, crear – el punto es tener el regalo, sea este un helado, un sticker o un “¡Muy bien!”.

En un estudio de problemas conducido por Joan Grusec de la Universidad de Toronto, los niños pequeños que fueron elogiados frecuentemente por muestras de generosidad, tendían a ser un poco menos generosos en el día a día, de lo que eran los otros niños. Cada vez que ellos han oído “¡Muy bien por compartir!” o “Estoy muy orgulloso de ti por ayudar”, ellos perdían el interés por compartir o ayudar. Estas acciones vinieron a verse no como algo valioso en su propio sentido de lo justo, si no como algo que deben hacer para obtener nuevamente esa reacción del adulto. La generosidad se convierte en el medio para un fin.

Motivan los elogios a los niños? Por supuesto. Los motivan a obtener elogios. Desgraciadamente, esto sucede frecuentemente a expensas del compromiso hacia cualquier cosa que ellos estaban haciendo y que provocó un elogio.

5. Disminuyendo el Desempeño. Como si no fuera suficientemente malo que un “¡Muy bien!” pueda menoscabar la independencia, el placer y el interés, puede también interferir con cuán bien los niños hacen una tarea. Los investigadores continúan hallando que los niños que son elogiados por hacer bien un trabajo creativo tienden a tropezar en la siguiente tarea- y no les va tan bien como a los niños que no fueron elogiados al principio.

¿Por qué sucede esto? En parte porque los elogios crean una presión de “continuar el buen trabajo”, llegando a interponerse en el camino de lograrlo. En parte porque su interés en lo que hacen puede disminuir. En parte porque ellos se vuelven menos propensos a tomar riesgos – un prerrequisito para la creatividad- una vez que comienzan a pensar sobre cómo hacer que esos comentarios positivos continúen viniendo.

En forma general, “¡Muy bien!” es un vestigio de un enfoque que reduce toda la vida humana a comportamientos que pueden ser vistos y medidos. Desafortunadamente, esta ignora los pensamientos, sentimientos y valores que yacen detrás de los comportamientos. Por ejemplo, un niño puede compartir un refrigerio con un amigo como una forma de atraer un elogio, o como una forma de asegurarse de que otro niño tenga suficiente para comer. Los elogios por compartir ignoran estos diferentes motivos. Peor aún, estos de hecho promueven el motivo menos deseable, haciendo a los niños más proclives a tratar de pezcar elogios en el futuro.

Una vez que usted empieza a elogiarlo por lo que es – y lo que hace – estas pequeñas y constantes explosiones de evaluación de los adultos comienzan a producir los mismos efectos que unas uñas rasgadas lentamente sobre un pizarrón. Usted comienza a alentar a un niño a dar a sus maestros y padres un bocado de su propia melaza, volteándose a responderlos diciendo (en el mismo tono de voz dulzón), “¡Muy buen elogio!”

Sin embargo, no es un hábito fácil de romper. Dejar de elogiar, al menos al principio, puede parecer extraño,. Se puede sentir como si estuviese siendo frío o guardándose algo. Pero eso, (y pronto se vuelve evidente) sugiere que nosotros elogiamos más porque necesitamos decirlo que porque nuestros niños necesitan oírlo. Siendo esto así, es tiempo de reconsiderar lo que estamos haciendo.

Lo que los niños necesitan es apoyo incondicional, amor sin compromisos. Eso no solo que es diferente a un elogio – es lo opuesto al elogio. “¡Muy bien!” es condicional. Significa que estamos ofreciendo atención, reconocimiento y aprobación por saltar a través de nuestro aro, es decir, por hacer algo que nos place a nosotros.

Este punto, usted lo notará, es muy diferente a una crítica que mucha gente ofrece al hecho de dar a los niños mucha aprobación, o dársela muy fácil. Ellos recomiendan que nos hagamos más tacaños con nuestros elogios y demandemos que los niños “los ganen”. Pero el problema real no es que los niños de esta época esperen ser elogiados por todo lo que hacen. Lo que sucede es que nosotros estamos tentados a tomar atajos, a manipular a los niños con recompensas en lugar de explicar y ayudarlos a desarrollar las habilidades necesarias y los buenos valores.

Entonces, ¿cuál es la alternativa? Eso depende de la solución, pero cualquier cosa que decidamos decir tiene que ser en el contexto del afecto genuino y amor por lo que los niños son en vez de por lo que han hecho. Cuando está presente el apoyo incondicional, un “¡Muy bien!” no es necesario; cuando no está presente, un “¡Muy bien!” no ayudará.

Si estamos elogiando acciones positivas como una forma de desalentar un mal comportamiento, esto tiene poca probabilidad de ser efectivo por mucho tiempo. Incluso cuando esto funciona, no podemos afirmar que el niño ahora “se esté comportando”; sería más preciso decir que los elogios lo hacen comportarse. La alternativa es trabajar con el niño, para descubrir las razones por las que él está actuando de esa manera. Podríamos tener que reconsiderar nuestros propios requerimientos en vez de simplemente buscar una forma de que los niños obedezcan. (En lugar de usar “¡Muy bien!” para hacer que un niño de cuatro años se siente callado durante una larga clase o cena familiar, tal vez deberíamos preguntarnos si es razonable esperar que un niño haga esto).

También debemos encaminar a los niños hacia el proceso de tomar sus propias decisiones. Si un niño está haciendo algo que molesta a otros, entonces sentarse posteriormente con él y preguntarle, “¿Qué piensas que podemos hacer para solucionar este problema?” podría ser más efectivo que chantajes o amenazas. Esto también ayuda al niño a aprender cómo resolver problemas y le enseña que sus ideas y sentimientos son importantes. Por supuesto, este proceso toma tiempo y talento, cuidado y coraje. Lanzar un “¡Muy bien!” cuando el niño actúa en una forma que nosotros estimamos apropiada no toma ninguna de estas cosas, lo que explica por qué las estrategias de “hacer algo a” son más populares que las estrategias de “trabajar con”.

¿Y qué podemos decir cuando los niños hacen algo impresionante? Considere estas tres posibles respuestas:

* No diga nada. Algunas personas insisten en que un acto servicial debe ser “reforzado” porque, secreta o inconscientemente, ellos piensan que fue una casualidad. Si los niños son básicamente malos, entonces se les debe dar una razón artificial para ser buenos (a saber, recibir una recompensa verbal). Pero si este cinismo es infundado-y muchas investigaciones sugieren que lo es-entonces los elogios no serían necesarios.

* Diga lo que vio. Un enunciado simple, sin evaluación (“Te pusiste los zapatos por ti mismo” o incluso solamente “Lo hiciste”) dice a su hijo que usted se dio cuenta. También le permite a él sentirse orgulloso de lo que hizo. En otros casos, puede tener sentido hacer una descripción más elaborada. Si su hijo hace un dibujo, usted podría ofrecer unas observaciones –no un juicio-sobre lo que usted ve: “¡La montaña es inmensa!” “¡Hijo, de seguro usaste mucho color morado hoy día!”

Si un niño hace algo cariñoso o generoso, usted podría atraer su atención sutilmente hacia el efecto de esta acción en la otra persona: “¡Mira la cara de Abigail! Ella parece muy feliz ahora que le diste un poco de tu comida”. Esto es completamente diferente a un elogio, en el que el énfasis está en cómo usted se siente acerca de la acción hecha por su hijo.

* Hable menos, pregunte más. Incluso mejores que las descripciones son las preguntas. Por qué decirle a él qué parte de su dibujo le impresionó a usted cuando puede preguntarle qué es lo que a él le gusta más de su dibujo? El preguntar “Cual fue la parte más difícil de dibujar?” o “¿Cómo hiciste para hacer el pie del tamaño correcto?” es probable que alimente su interés por el dibujo. Decir “¡Muy bien!”, como lo hemos visto, puede tener exactamente el efecto contrario.

Esto no significa que todos los cumplidos, todos los agradecimientos, todas las expresiones de gusto sean dañinas. Debemos considerar los motivos por los que los decimos (una expresión genuina de entusiasmo es mejor que un deseo de manipular el futuro comportamiento del niño) así como los efectos verdaderos de decirlos. ¿Están nuestras reacciones ayudando al niño a percibir un sentido de control sobre su vida—o de buscar constantemente nuestra aprobación? Están estas expresiones ayudándolo a volverse más entusiasta en lo que está haciendo por derecho propio, o convirtiendo en algo que él solo quiere hacer para recibir una palmada en la espalda.

No es cuestión de memorizar un nuevo guión, si no de tener presentes nuestros objetivos a largo plazo para nuestros hijos y estar alerta sobre los efectos de lo que decimos. La mala noticia es que el uso de refuerzos positivos no es realmente algo positivo. La buena noticia es que usted no tiene que evaluar para poder motivar

Via Bebés y Más.

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Una de las primeras barreras con que se encuentran muchas madres, y por ende, también los hijos, son las grietas que aparecen en el pezón de algunas madres que dan el pecho a sus bebés.

Normalmente aparecen los primeros días cuando la técnica no es del todo adecuada (la posición del bebé no es correcta), si la mamá utiliza jabones, detergente en la ropa u otros compuestos químicos agresivos o si se utilizan cosméticos hechos a base de alcohol con glicerina o bien por una combinación de varios de estos factores, siendo la causa más habitual la posición del bebé.

Conociendo las causas es posible prevenirlas, ya que si se eliminan o minimizan los factores desencadenantes, el problema no se originará o, como mínimo, conoceremos las posibles soluciones y podrá prevenirse un empeoramiento de las mencionadas grietas.

Qué son las grietas

Las grietas en los pezones son heridas, cortes muy finos que en ocasiones no se ven, pero que ocasionan mucho dolor cuando el bebé empieza a mamar. La piel se agrieta como lo hacen nuestros labios y nuestras manos cuando hace frío y la zona queda muy sensible, transformando algo que debería ser placentero en un momento que las madres no desean que llegue, con tal de evitar el sufrimiento.

Hay varias estrategias que pueden ayudar a prevenir las grietas si aún no se han producido y que son útiles para solucionarlas si ya han aparecido:

Lo primero, un buen primer agarre

Una de las razones de que muchos bebés se cojan mal al pecho es que no se les haya permitido mamar durante la primera hora de vida o que se les haya separado de su madre antes de haber hecho la primera toma.

Los bebés nacen preparados para succionar y se ha visto que, si al nacer se les deja encima del pecho de su madre, son capaces de reptar y moverse hasta llegar por sí solos al pecho y empezar a succionarlo. Unos tardan más y otros menos, pero normalmente, dentro de las primeras dos horas, lo hacen todos.

Si se separan madre e hijo o incluso si se introduce algo en la boquita del bebé (una sonda, un dedo, una tetina, un chupete…) cabe la posibilidad de que el bebé haga una impronta oral con lo que le ha entrado en la boca y trate de mamar, no como sabe de manera innata, sino como acaba de aprender al notar algo en la boca. En tal caso, lo más probable es que se agarre mal al pecho y que empiecen los problemas. Por ello se insiste en que, si el bebé está sano, se permita el contacto continuo, piel con piel, con la madre, al menos hasta que haga la primera toma.

Valorar la postura y el agarre del bebé

Dado que una mala posición a la hora de mamar es la principal causa de que dar el pecho duela y de que se hagan grietas lo primero que debe hacerse es valorar la postura del bebé.

En primer lugar hay que ver cómo está posicionado su cuerpo con respecto a la madre. Durante toda la vida hemos visto a niños tomando biberón tumbados boca arriba sobre el brazo de nuestra madre. Esto hace que muchas madres cojan de la misma manera a los bebés, con una diferencia: en vez de recibir el alimento con un biberón desde arriba lo reciben con el pecho desde el lado. Esto hace que los bebés tengan que girar la cabeza para comer, haciéndolo todo más dificultoso (algo muy simple de comprender si tratamos de comer sentados en una silla de lado y girando la cabeza para orientarnos hacia el plato y el cubierto).

La postura ideal, por lo tanto, es aquella en la que el bebé venga de cara hacia el pecho, es decir, que todo su cuerpo esté orientado hacia la madre, casi barriga con barriga.

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Los niños que toman biberón apoyan su cabeza en la zona de flexión del brazo, por eso si se colocan así quedarían probablemente algo alejados del pezón y tendrían que “tirar” del pecho hacia sí para poder mamar correctamente. Al forzar la posición del pecho el agarre no es adecuado y puede producir dolor y grietas. Lo ideal es que el niño esté en un punto del brazo tal, que en condiciones normales, sin tocar el pecho, el pezón apunte a su nariz. De este modo, con sólo aproximarse y abrir la boca el bebé podrá agarrarse al pecho dejando el pezón en la parte superior de la boca, que es donde debe quedar.

La boca debe quedar bien abierta antes de cogerse. Si la abre poco es muy probable que coja sólo el pezón y que empiece a ordeñarlo (y eso duele mucho), llegando a dañarlo si lo hace a menudo. Por esta razón se recomienda tocar un poco la nariz con el mismo pezón, para que el bebé empiece a abrir la boca poco a poco. Si no le dejamos cogerse en el momento, la abrirá cada vez más (mientras cabecea). En el momento en que veamos que la tiene bien abierta: ¡plas! (teta p’adentro), a la vez que apretamos un poco a nuestro bebé contra el pecho, para que le cueste echar atrás (con lo que mamaría sólo del pezón), pero sin presionar en su cabeza, ya que les molesta y se suelen desenganchar del pecho.

Hay ocasiones, sobretodo en los primeros días, en que se combinan situaciones potencialmente “peligrosas”, como sería que la madre tuviera un pezón grande y el bebé una boca pequeña. En estos casos hay que estar aún más pendiente del agarre, ya que los bebés pueden tender a agarrarse sólo del pezón. Lo bueno de este potencial problema es que se soluciona solo, pasando unos días, cuando el bebé crece un poco, con él su boca y cuando es además más experto en el arte de succionar.

Evitar el uso de tetinas y chupetes

El pecho debe succionarse llegando a él con la boca bien abierta, las tetinas y los chupetes, en cambio, se suelen agarrar con la boquita más bien cerrada. Además, el mecanismo de succión del pecho es muy diferente al modo de tomar leche en un biberón con las tetinas tradicionales, en que el bebé no tiene que hacer nada especial para que la leche caiga, sino más bien al contrario, aprender a detenerla para que el flujo no sea continuo.

Si un bebé aprende a poner la lengua en el agujero de la tetina para detener la leche y pretende hacer lo mismo cuando va a mamar del pecho (“mira mamá, qué he aprendido”), lo único que conseguirá será sacar el pecho de la boca, una y otra vez. Si encima cierra la boquita para coger el pecho tal y como coge un chupete, lo más probable es que acabe agarrándose mal y provocando grietas.

No lavar los pechos

Hace unas décadas los pechos se lavaban después de cada toma y a las madres se les decía que se pusieran gasas estériles para evitar que la piel se llenara de gérmenes que luego fuera a chupar el bebé. Esto, que además era un auténtico suplicio por ser innecesario, hacía que la piel del pezón quedara seca, tanto, que lo más fácil era que se agrietara.

Ahora se recomienda todo lo contrario, una ducha diaria y listo, sin jabón siquiera.

No aplicar cremas ni lociones en el pezón

A menos que haya algún problema que lo indique, no hay que aplicar ninguna loción ni crema en la areola. Nada de nada. Los tubérculos de Montgomery, que son los granitos que se aprecian a simple vista en la areola, segregan una grasa que lubrifica la misma para proteger de las agresiones externas. Si encremamos la zona estamos impidiendo que hagan su función natural.

Utilizar discos de lactancia adecuados

Utilizar discos absorbentes de lactancia que no irriten. Recuerdo que a Miriam se le pusieron de todos los colores una vez que compramos unos algo más baratos, teniendo que tirarlos para volver a los de siempre. Puede ser buena idea utilizar unos de tela, que son lavables y por lo tanto reutilizables.

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